Categoría: Entrevista

  • El Poder de la Escena: Enrique Arreola y la Magia del Teatro

    El Poder de la Escena: Enrique Arreola y la Magia del Teatro

    Esta es una transcripción realizada por Inteligencia Artificial.

    Paulo Galindo: Hoy, desde Santa María la Ribera, el corazón de la Ciudad de México, tenemos con nosotros en El Mentidero Live, en la Muestra Nacional de Teatro de Península (edición número 15), al gran, único, inigualable, talentoso y guapo, Enrique Arreola.

    Enrique Arreola: Gracias, hoy qué presentación, qué bárbaro.

    Paulo Galindo: Sí nos gusta hacer sentir a nuestros invitados desde que llegan al Mentidero, ya sea virtual o presencial.

    Enrique Arreola: Muy bien, gracias, qué gusto, estoy muy emocionado de esta entrevista.

    Paulo Galindo: Bienvenido, Enrique, bienvenido. El Mentidero es tu casa, cuando quieras. Me da mucho gusto que podamos platicar hoy, que platiquemos, que platiques tú, que le cuentes a nuestro público, al público de El Mentidero, al público de Sonora, un poquito de tu experiencia en el teatro. En esta edición, estamos platicando de cómo fue ese flechazo, ese primer cupido entre tú y el teatro. Ya vimos un poquito de ti; sabemos que eres un actor con muchísima trayectoria en el teatro, el cine y la televisión. Cuéntanos, ¿te acuerdas de ese momento, de ese flechazo en el que el teatro te enamoró?

    Enrique Arreola: Esos momentos inolvidables, por eso pienso yo siempre en la responsabilidad de cada función, de cada día de filmación, de cada llamado, de lo importante que es, porque tú nunca sabes a quién le vas a tocar el corazón y le vas a cambiar la vida para siempre. Yo recuerdo entrañablemente, y poderosamente, el momento en que hace como 32 años, se presentaba la obra «De la Calle» de Jesús González Dávila, en el Teatro del Bosque, que ahora se llama Julio Castillo. En ese momento vi ese milagro del teatro dirigido por Julio Castillo, con actores extraordinarios como Norma Angélica, Roberto Sosa, Marta Papadivich, Raqui. Era impresionante lo que sucedía; era un milagro, era prodigioso, era único e irrepetible. La obra «De la Calle» me marcó para siempre y fue donde dije: esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Algo pasa en ese escenario que yo no me puedo explicar con palabras, algo milagroso. Había una escena donde aparecía el Santo Niño de Atocha desde el fondo del escenario y con su guaje bendecía con agua al niño de la calle interpretado por Roberto Sosa. Con el fondo del Requiem de Mozart, toda esta idea que Julio Castillo atrapó, me atrapó el corazón y me partió para siempre. Me tocó el veneno del teatro para siempre, porque dije: eso es a lo que yo me quiero dedicar, a lo inexplicable, a lo que la gente no sepa qué le está pasando, pero le está tocando una fibra en el corazón que solo el teatro y el arte hacen. Ese es el momento más mágico que yo he vivido. Después, se me ocurrió llevar a mis compañeros de prepa a ver la obra. Estaba en el CCH en Aucalpan en ese momento, y los llevaba a ver este prodigio. Unos lo entendían, otros no. Pero yo decía, esto lo tengo que compartir. Son momentos únicos e irrepetibles. Por eso, la función de hoy, el llamado de hoy, la filmación de hoy es única e irrepetible. Debe estar siempre hecha con la mayor gracia para que toques el corazón de alguien.

    Paulo Galindo: O no, ya no depende de ti. Oye, ¿y cómo vives el fenómeno hoy? ¿Cómo vives ahora desde el escenario con esa conciencia, con esa responsabilidad? ¿Cómo te preparas para eso?

    Enrique Arreola: Fíjate que también en ese sentido, yo tuve una formación muy, muy afortunada, lo debo decir. Me formé con el Maestro Luis de Tavira en los años 90. Era muy rígido y estricto en muchas cosas, pero esa formación la vives de distintas formas durante tu carrera y tratas siempre de ser muy firme y riguroso. No siempre se logra; también hay que ser flexibles. Pero yo siempre me acuerdo de poner, aunque suene muy trillado y cursi, el corazón y la vida en lo que hago para que no se pierda esa magia inexplicable. Vivo cada función muy emocionado y entregado a mi trabajo con una entrega total.

    Paulo Galindo: ¿Te ha tocado el encuentro con un espectador primerizo? ¿Has vivido la experiencia de salir de una función y que alguien, que nunca había visto teatro en su vida, se acerque a ti?

    Enrique Arreola: Sí, sí, ese momento es importante. Hay que atenderlo personalmente y escuchar sus palabras porque no sabes a quién le estás cambiando la vida. Tus palabras pueden influir poderosamente en alguien, quizás no se dedique al arte, pero puede ver la vida de otra forma. Eso puede ayudar a transformar la sociedad que tanto necesita transformarse. Cuando un joven de secundaria o de prepa se te acerca y te dice «gracias», es bien curioso porque a veces no pueden verbalizarlo. En estos tiempos, la comunicación verbal se ha reducido mucho. Entonces, escuchar y recibir el agradecimiento es fundamental. Esa es la misión de uno, el intercambio humano y el impacto en la fibra humana.

    Paulo Galindo: ¿El teatro transforma, Enrique? ¿Es verdaderamente un instrumento de transformación social?

    Enrique Arreola: ¿Seríamos un mejor país si el teatro cura? Sí, el teatro transforma, el teatro ayuda. Hay que transmitir esa vibración desde el escenario y hacer que el público vibre junto contigo. He vivido obras y trabajado con directores que me han transformado la vida. El teatro es un alivio para el espíritu y el alma de cualquier persona o actor. Entre más jóvenes vayan al teatro, más panoramas y experiencias tendrán en su vida. Más capital humano tendrán.

    Paulo Galindo: Oye Enrique, y tú eres un actor que brinca del teatro a la televisión y al cine de manera natural. Hay una discusión en el mundo de la creación actoral sobre las diferencias entre estos mundos. ¿Cómo trabajas esas diferencias? ¿Realmente existen?

    Enrique Arreola: Yo aprendí sobre la marcha. No hay una escuela que te enseñe a actuar en cine o televisión. Aprendiendo sobre la marcha, vas entendiendo más sobre el panorama. El cine, por ejemplo, requiere una energía muy concreta y concentrada. Todo está en tu mirada y rostro. El teatro es el lugar para domar esa energía y proyectarla. Es como una especie de magia poderosa. En la Edad Media, se enterraba a los actores hacia abajo por la fuerza sobrenatural que temían que pudieran liberar. Son energías distintas que hay que domar, y el oficio de uno te hace aprender a manejarlas.

    Paulo Galindo: Oye, te tenemos como corresponsal en Santa María la Ribera. Cuéntanos, ¿qué estás viendo a tu alrededor?

    Enrique Arreola: Estoy viendo al señor del gas, el camión del gas, pasan muchos coches, la gente que va a la tortillería, a la panadería, y la vida cotidiana sigue aquí en la ciudad, así como en el teatro. La vida sigue. La voz y la vibración en el escenario retumban en el corazón de la gente. Son energías distintas. Nadie las enseña; es el oficio de uno lo que lo hace aprender. Por eso es importante ir al teatro, ver obras, cine, entusiasmarse y compartir el trabajo de tus compañeros.

    Paulo Galindo: Oye Enrique, para cerrar, ¿qué le dirías a ese joven que está aquí con su teléfono y que nunca ha visto una obra de teatro?

    Enrique Arreola: Oye, morro, morra, estás ahí con el celular, dale un respiro a tu ansiedad, date chance, respira y ve a un teatro ahora que ya hay funciones presenciales. Ve a la compañía y date un clavado para sentir algo que nunca has experimentado. Es como tu primera vez en lo que quieras, el primer beso, lo primero que quieras en la vida. Lo vas a sentir de manera única en el teatro. Suelta un poco el celular y ve a ver teatro, danza o un concierto. Te garantizo que tu vida se transformará. Acércate y vívelo.

    Paulo Galindo: ¡Dime! Te lo garantiza tu amigo Enrique Arreola.

    Enrique Arreola: Parezco político, pero no es así. A mí me cambió la vida el teatro. Date chance de que el teatro te cambie la vida.

    Paulo Galindo: Mi querido Enrique, qué gusto, qué honor volver a vernos, aunque sea virtual.

    Enrique Arreola: Así será. Ha sido un gustazo. 

    Paulo Galindo: El Mentidero es tu casa, cuando quieras.


    La entrevista completa puede verse en el canal de YouTube de El Mentidero. Ver aquí

  • La Pasión por el Teatro: Antonio Castro

    La Pasión por el Teatro: Antonio Castro

    Esta es una transcripción realizada por Inteligencia Artificial.

    Entrevista realizada en Mayo del 2021.


    Paulo Galindo: ¡Está listo desde la Ciudad de México un gran querido amigo, maestro, hombre de teatro, nuestro queridísimo Antonio Castro!

    Antonio Castro: Amigo Paulo, me da mucho gusto verte y estar aquí para charlar contigo.

    Paulo Galindo: Tony, el gusto es nuestro. Ya desde hace tiempo teníamos muchas ganas de hacer esto para nuestro público, el público de El Mentidero, que nos sigue en las redes y ha ido creciendo mucho a través de estos programas. Eso nos tiene muy entusiasmados y contentos. En esta serie de entrevistas, en el marco de la Muestra Nacional de Teatro de Península a Península en su edición número 15, aún virtual por las condiciones sanitarias, hemos querido hablar con creadores de teatro de todo el país. Hemos notado que muchos espectadores que vienen al teatro por primera vez son jóvenes entre 20 y 30 años. Queremos conocer cómo fue ese primer flechazo con el teatro para personas como tú, con una trayectoria significativa. ¿Cómo fue ese primer encuentro con el teatro? ¿Fue como espectador, fue desde niño? Cuéntanos un poco sobre eso.

    Antonio Castro: Pues mira, te cuento, mi papá era muy cinéfilo y tenía una devoción total por el cine en todas sus manifestaciones. Desde niño, me volví cómplice de esa afición. Sabía quién era Jimmy Cagney, Humphrey Bogart y actores de los 30 y 40. Eso me influenció mucho. Durante la secundaria en el Colegio Madrid, me llamó la atención actuar, influenciado por todas esas películas que vi con mi papá. Empecé a hacer obras en el taller de teatro de la secundaria y, al llegar a la prepa, formé un grupo con Flavio González, con quien muchos años después hice 1822. Flavio escribió una obra que participó en un concurso y nos invitaron a Japón a una muestra de teatro de preparatorias. Fue una experiencia épica. Recuerdo que conseguimos el dinero a duras penas y fuimos a un festival en Toyama, Japón. Fue ahí donde tuve un flechazo absoluto con el teatro. Japón en sí es deslumbrante, pero ver la diversidad de expresiones teatrales me cautivó. Fue una revelación, me di cuenta de que quería dedicarme a esto toda mi vida.

    Paulo Galindo: Oye, pero ir a Japón a un festival no es cualquier cosa, ¿no?

    Antonio Castro: Y yo tenía 20 años, Paulinho. Fue muy difícil conseguir el dinero, hicimos varias actividades para financiar el viaje. El festival fue una experiencia fascinante, no solo por la tecnología y la diversidad de lenguajes teatrales, sino porque me enamoré del teatro en esa diversidad. Me encanta la libertad de lenguaje que ofrece el teatro, y sentí que era el lugar donde podía comunicarme con mucha libertad.

    Paulo Galindo: ¿Cómo diste el salto al profesionalismo?

    Antonio Castro: Para cuando terminé la prepa, estaba en dos grupos de teatro. Con Fernando Saenz, quien luego se volvió productor de televisión, hicimos una obra que Pemex compró. Viajamos por varias zonas petroleras del país. Aunque la obra no era excelente, fue una experiencia valiosa. Al final de la prepa, empecé a dirigir, pero mi primer amor siempre fue la actuación. Volver a actuar es algo que disfruto mucho, aunque a veces pienso que debería hacerlo más seguido.

    Paulo Galindo: ¿Qué te llevó a estudiar teatro en Estados Unidos?

    Antonio Castro: Solicité una beca para estudiar en Hamilton College, Nueva York, y estuve allí durante cuatro años. Estudié una licenciatura en teatro con especialización en dirección. En Estados Unidos, aprendí que la pedagogía de la dirección era totalmente diferente: se enfocaba en la complicidad y el fortalecimiento de los grupos, en lugar de la tiranía que a veces se ve en México.

    Paulo Galindo: Esto te distingue como director. Muchos de tu generación todavía ejercen una dirección tiránica.

    Antonio Castro: Creo que mi enfoque en la dirección tiene que ver con mi inicio en la actuación y mi formación en Estados Unidos. Siempre he valorado la complicidad con los actores, me parece esencial.

    Paulo Galindo: ¿Crees que los creadores teatrales tienen la responsabilidad de provocar ese “gancho” en el espectador, especialmente en uno que podría estar viendo teatro por primera vez?

    Antonio Castro: Yo creo que el teatro es una forma de diálogo. Para mí, el arte debe ser una conversación entre el creador y el público. Siempre pienso en el espectador al hacer una obra. He trabajado en proyectos destinados a nuevos públicos y he encontrado que el teatro puede ser una experiencia transformadora. No busco un discurso formal específico, sino enfrentarme a temas y construir un vocabulario que dialogue con el espectador.

    Paulo Galindo: ¿Cómo invitamos a alguien al teatro que nunca lo ha visto?

    Antonio Castro: Les diría que el teatro ofrece una experiencia única que no se puede encontrar en ningún otro lugar. Es una experiencia compartida en el mismo espacio entre el público y los intérpretes. Los momentos únicos y los detalles irrepetibles del teatro crean recuerdos que permanecen para siempre.

    Paulo Galindo: Exactamente. Recuerdo una vez que, durante una muestra, un globo de feliz cumpleaños cruzó el escenario en un momento crucial. Esos momentos irrepetibles son parte de lo que hace al teatro tan especial.

    Antonio Castro: Sí, el teatro está lleno de instantes irrepetibles. La interacción con la actualidad y los momentos únicos que se viven en el escenario hacen del teatro una práctica muy hermosa y significativa.

    Paulo Galindo: Querido Tony, ha sido un placer tenerte en El Mentidero. Esperamos que podamos repetir esto pronto y que puedas compartir tu experiencia con la comunidad teatral de Hermosillo.

    Antonio Castro: Me encantaría. Hace mucho que no visito esas tierras.

    La entrevista completa se puede ver en el canal de Youtube de El Mentidero. Ver aquí.

  • Richard Viqueira: Un vistazo al teatro de búsqueda

    Richard Viqueira: Un vistazo al teatro de búsqueda

    Esta es una transcripción realizada por Inteligencia Artificial.

    Entrevista realizada en Octubre del 2020.

    Paulo Galindo: Estamos listos para platicar con el gran, gran invitado que tenemos el día de hoy en El Mentidero Live 2.0. Un tipo talentosísimo, reconocido en México por el gran teatro que hace. Es un honor tenerlo con nosotros, aunque sea de manera virtual. Esperemos que pronto sea presencial, el gran, grande Richard Viqueira.

    Richard Viqueira: Muchas gracias, hermano, por esa presentación tan generosa y con tanto cariño. Se va a evidenciar que somos amigos antes que nada.

    Paulo Galindo: No, Richard, es un gusto. Te agradezco mucho que te tomes el tiempo de platicar un ratito, más que conmigo, con nuestros amigos de El Mentidero que nos siguen en nuestras redes, que han venido a nuestras funciones. Siempre ha sido de nuestro interés que conozcan otras teatralidades que sabemos que les gustan mucho y que pues hay de todo en este mundo. Y hay Richard Viqueira en Ciudad de México haciendo esas cosas tan impactantes que vemos nosotros ahora ya nomás en fotografías. Me gustaría que nos platicaras qué es para ti el teatro y cómo llegas a decir: «Quiero montar una pieza teatral».

    Richard Viqueira: Mira, antes que nada, yo creo que todo parte de la dramaturgia. Para mí, la buena dramaturgia, o por lo menos la que a mí me interesa, es aquella que obstaculiza la escena. Cuando leo una obra que dice «dos personas, una mesa, dos cafés», en realidad rehuyo de ella como si fuera la peste, como si fuera una pandemia. Me gustan esas obras que tienen la dificultad de ser montadas, que ya desde el papel mismo presentan un obstáculo. Pongamos el ejemplo de Peer Gynt, que en su época era una obra casi cinematográfica, cuando no existía el cine. O el Woyzeck, que es una obra modular que uno puede ir armando como sea.

    Entonces, para mí, el teatro empieza desde la dramaturgia, que es un conflicto sobre el papel que deriva, por supuesto, en un conflicto sobre la escena. También se trata de problematizar las relaciones entre todos los creadores involucrados en una obra. Para mí, el principio de seducción tiene que ver con la dificultad. Realmente nos oponemos a la idea de sencillez en el teatro, porque creo que el teatro, además, es un arte necio que se rehúsa a morir. Ha sobrevivido guerras mundiales, pandemias, pestes. Es un arte resistente, mutable, que busca cómo adaptarse y sobrevivir, como esos reptiles que de pronto pierden la cola y les vuelve a crecer.

    El teatro es un arte híbrido que siempre está en constante mutación, y eso es lo que yo busco y lo que me interesa. Procesos de laboratorio largos, donde siempre está puesto el acento en descubrir algo nuevo. Siempre comento que yo me dedico al teatro de búsqueda cuya mayor vocación es el fracaso. Yo trabajo para el fracaso. El teatro comercial trabaja para el éxito porque sigue un modelo muy definido tanto en la dramaturgia como en el montaje. El teatro de búsqueda, en cambio, es como la ciencia: ahora mismo vemos que hay cinco vacunas en estudio para controlar esta pandemia, y sabemos que tres de ellas no funcionarán. Es parte del laboratorio. Cuando digo que trabajo para el fracaso, me refiero a eso. Si buscara el éxito o crear la obra maestra, no haría nada de lo que hago, que tiene un 90% de posibilidades de fracasar. Y de ahí surge mi interés en hacerlo.

    Paulo Galindo: Oye, y hay un gran reto para tus actores también en eso, ¿no? Cuando diriges. No hemos tenido el placer de trabajar juntos, pero lo he visto. En tus puestas en escena, los actores enfrentan una gran exigencia precisamente por lo que comentas sobre la dificultad de la apuesta, ¿no?

    Richard Viqueira: Claro. Yo siempre digo que más que actores, busco cómplices. Un ejemplo es la obra Ternura Suite de Edgar Chías, donde los actores se introducían cosas dentro del cuerpo como parte de la poética de la obra. La gente me pregunta constantemente cómo los convencí, y yo les respondo: si yo tuviera el poder de convencer a alguien de hacer algo contra su voluntad, sería el presidente de la república. Lo que ocurre es que nos juntamos un grupo con una inquietud común, que deriva en que los actores acepten o incluso propongan hacer cosas extremas para hablar de una problemática común, como en este caso la violación.

    En esa obra en particular, quise ir por el camino opuesto a lo que suele ocurrir en el teatro clásico, donde una violación o un acto atroz ocurre fuera de escena, detrás de un sofá, con luces suavizadas. Para mí, la violación no es algo hermoso o estético, tenía que ser una obra atroz, pornográfica en el sentido literal de la palabra, explícita, para que el espectador sintiera el asco de lo que es una violación en el mundo real, trasladado al escenario.

    En otro caso, como en Embruna con Valentina Garibay, partimos de la idea de un unipersonal inspirado en La Mata Viejitas, donde el coprotagonista de la obra es el aire. Quería que el espectador fuera consciente de lo que normalmente está ausente en un monólogo pero que es sustancial: el aire, el éter que nos rodea. Valentina trabajó mucho sobre la asfixia, construyendo personajes a partir de la sensación de dejar de respirar. Para mí, el teatro es un acto ético y, por ello, no es que exija algo de mis actores, sino que encuentro gente con la que tengo esa afinidad de lanzarnos al abismo. Y como te comentaba, el 90% de las posibilidades es que eso salga mal. Estamos en la lucha por ese 10%.

    Paulo Galindo: Pues mira, suena súper interesante. Es curioso, pero nos está pasando en El Mentidero que siempre los tiempos son muy reducidos y aquí podríamos platicar horas. Me encanta escuchar lo que dices porque no es algo que podamos escuchar muy comúnmente de los directores de teatro. La diversidad de visiones enriquece mucho, tanto a nosotros como a nuestros espectadores. Para cerrar, Richard, ¿qué es el teatro personalmente para ti? ¿Qué significa en tu vida?

    Richard Viqueira: Mira, yo tengo un término que espero no suene pretencioso, pero lo llamo la supraexistencia. ¿A qué se refiere? Si, por ejemplo, tú y yo montamos Hamlet y tienes que morir en el escenario, me parece que cuando mueres como personaje, forzosamente estás también ejercitando tu muerte como persona. Es decir, cuando caes sobre el escenario, empiezas a preguntarte cosas tan simples como: «¿Respiro o no respiro para que mi abdomen sea visible o no al público? ¿Cómo simulo la muerte? ¿Cómo la represento?». En ese ejercicio, para mí, ocurren dos muertes o dos nacimientos, como lo quieras ver: el de Hamlet y el tuyo. Están ocurriendo al mismo tiempo. Para mí, la representación es una manera de explorar la existencia al duplicarla, y al hacerlo, se vuelve más potente. El amor entre Romeo y Julieta ejercita lo que Shakespeare propuso, pero también los dos actores que lo interpretan tienen que crear ese amor desde sí mismos. Entonces, hay un amor doble ocurriendo en la escena. Todo lo que se duplica, nos enseñan las matemáticas y la biología, adquiere más fuerza, más poder. Para mí, el teatro es eso: una supraexistencia en la que se vive, pero además también se está por encima de lo vivido.

    Paulo Galindo: Richard, interesantísima la plática. Te agradezco mucho haberte tomado el tiempo de conversar con nosotros. Ya nos tomaremos un café pronto. Espero que aceptes en un futuro alguna invitación para que estés con nosotros en El Mentidero con tu teatro, o para hacer algo juntos. Estaría genial que estuvieras por acá.

    Richard Viqueira: Por supuesto. Como mencionas, entre amigos el teatro se hace mejor. No creo en el teatro de audiciones, de procesos. Yo creo en el teatro de compas, de gente con la que tienes una afinidad personal, estética y química para crear estas cosas. Encantado de estar ahí, donde sea, cuando nos deje y después de lo que ocurre con esta pandemia.

    Paulo Galindo: Perfecto. Estaremos encantados de tenerte por acá. En Hermosillo y en El Mentidero tienes tu casa, ya sabes.

    Richard Viqueira: Muchas gracias, hermano.

    Paulo Galindo: Te mando un abrazo. Hasta luego.

    La entrevista completa puede verse en el canal de YouTube de El Mentidero. Ver aquí

  • «Humberto Busto: El Arte de Transformar Vidas a Través del Cine»

    «Humberto Busto: El Arte de Transformar Vidas a Través del Cine»

    Esta es una transcripción realizada por Inteligencia Artificial.

    Entrevista realizada en Octubre del 2020.

    Paulo Galindo: Ya está con nosotros desde la Ciudad de México un queridísimo amigo, hermano, colega, y un talentoso actor. Es un gusto darle la bienvenida al gran Humberto Busto. Humberto, bienvenido, qué gusto seguir conectados, aunque sea virtualmente. Espero que pronto puedas estar acá en El Mentidero físicamente.

    Humberto Busto: Gracias, Paulo. ¡Qué ganas de volver a viajar, de recorrer extremos! Sí, extraño mucho estar en el escenario y compartir con el público. Hoy estamos hablando con nuestra audiencia en El Mentidero, con gente que nos sigue en redes sociales y también con quienes, tal vez, no conocen tanto el teatro. Para ellos, sería genial que nos compartieras cómo fue que te enamoraste del teatro. Eres un actor que ha pasado por teatro, cine, televisión… pero, ¿cómo fue ese momento, ese lugar en el que el teatro te enganchó y dijiste: «Esto es lo que quiero hacer»?

    Humberto Busto: Uno tiene distintos momentos en la vida, distintas razones para engancharse a un escenario. Como espectador, lo primero fue sentir una enorme necesidad de estar en un lugar que me protegiera de la inmundicia del entorno. Parte de una infancia torturada, esa sensación de no tener un espacio protegido donde las reglas del juego estuvieran en mis manos. Ver teatro infantil desde muy niño me llevó a querer subirme al escenario, a sentir que el público compartía una historia, una celebración, una catarsis… algo que en ese momento no sabía cómo se llamaba, pero que entendía como una conexión profunda con una audiencia.

    Creo que esa fue la primera conexión con el teatro, un refugio frente a un entorno hostil. Estudié en una escuela católica donde, digamos, no me sentía cómodo, pero el teatro me ofrecía un espacio mucho menos hostil. Uno de los primeros cuentos que hice fue «Pinocho», y todo ese viaje se conectó con un montaje de Chespirito llamado «Títere». Recuerdo que cuando lo vi en el escenario, fue un momento revelador. Pensé: «Esto que estoy haciendo intuitivamente puede ser una profesión, algo que te potencia en muchas cosas».

    Paulo Galindo: Humberto, eres un actor que no solo se ha destacado en su trabajo creativo sobre el escenario o ante la cámara, sino que también autogestiona sus proyectos. ¿Cómo ha sido ese camino y esa transición hacia la autogestión creativa?

    Humberto Busto: Tiene mucho que ver con lo que mencioné sobre la infancia. En el CUT (Centro Universitario de Teatro) viví procesos muy emocionales que me dieron herramientas claras para actuar. Son experiencias que te conectan contigo y con el colectivo. Creo que eso también alimenta el impulso de autogenerar proyectos, de no esperar a que las oportunidades lleguen, sino de crearlas.

    La virtualidad nos ha llevado a explorar nuevas formas de crear y conectar con el público. La autogestión ha sido parte de mi carrera desde el inicio, y creo que es esencial para cualquier artista. Te permite mantener el control sobre tu obra y, al mismo tiempo, explorar nuevas facetas creativas.

    Paulo Galindo: ¿Cómo viviríamos esa experiencia nuevamente? Yo sí me lo he preguntado. No lo he soñado, no sé… ¿Cómo regresarías ahí para empezar otra vez?

    Humberto Busto: Me encantaría, ¿sabes? Porque además, yo entré a los 18 años al CUT, y recuerdo que los maestros no querían dejarme entrar. Su argumento pedagógico era que necesitaba vivir muchas más cosas antes, y la mayoría de los que estaban en mi grupo tenían ya más de 23 años. Yo también ya había vivido experiencias muy fuertes y, aunque tal vez no lo pareciera, ya cargaba con muchos traumas. Ahora que me cambié de casa, me encontré con el examen que hice con Esther Seligson y las notas de Contreras sobre historia del arte, del teatro y todo. Me di cuenta de que, en ese momento, estaba muy chico y muchas de mis experiencias emocionales tomaron más peso que el conocimiento que adquirí en el CUT. Ahora, con más lucidez y menos traumas, me doy cuenta de que disfrutaría mucho más de esa experiencia y recibiría mucho más. Estoy volviendo a leer Zen en el arte del tiro con arco, el primer libro que nos dejaron en el CUT, y me sorprende cómo hasta ahora entiendo la importancia de que nos dieran ese libro al entrar.

    Paulo Galindo: Eso tiene mucho que ver con explorar y con el contexto actual en el que vivimos, donde la actuación y la fama están muy manoseadas. Se ha perdido la fuerza y la responsabilidad que implica el placer de ver cosas que tengan sentido, que te muevan, que te confronten. Es increíble vivir una experiencia que, de alguna manera, sea trascendental. Siento que, con todo lo que estamos viviendo, desde la pandemia hasta cómo el algoritmo determina nuestras vidas, como espectadores tendemos a ser menos responsables de lo que vemos.

    Humberto Busto: Totalmente. Y eso nos lleva a explorar otras áreas, y en mi caso, a trabajar en mi ópera prima, en la que he estado concentrado últimamente. Quiero presentar algo que, al menos para mí, valga la pena y que tenga elementos poderosos. No quiero hacer las cosas a medias. Desde niño quiero dirigir, y ahora, después de mucho trabajo y autodescubrimiento, estoy en ese camino.

    Paulo Galindo: Oye, Humberto, se nos acaba el tiempo, pero me gustaría cerrar con una pregunta: ¿cómo le describirías el teatro a alguien que nunca lo ha visto, que nunca ha vivido esa experiencia? ¿Cómo lo invitarías a venir al teatro?

    Humberto Busto: El teatro, ahora más que nunca, se ha vuelto una experiencia radical, hasta rebelde, en este contexto de separación física. Es un encuentro mágico y vivo que solo ocurre en ese momento, del cual eres testigo una vez, porque aunque repitas la obra, jamás será lo mismo. Es una aventura vital que ya no existe en otro lugar. Todo lo demás lo veremos en pantallas, pero el teatro seguirá siendo ese lugar de aventura viva. Es una apuesta, una apuesta que, aunque a veces puede no cumplir con nuestras expectativas, siempre será especial y excitante.

    Paulo Galindo: Totalmente de acuerdo. Humberto, se nos acabó el tiempo, pero te agradezco muchísimo que hayas estado en El Mentidero. Espero que la vida nos vuelva a poner en el mismo lugar muy pronto.

    Humberto Busto: Gracias, Paulo. Yo también espero volver a Hermosillo y estar en El Mentidero. ¡Un abrazo grande!

    La entrevista completa puede verse en el canal de YouTube de El Mentidero. Ver aquí

  • «Rodrigo Murray: Reflexiones sobre el Juego y la Actuación»

    «Rodrigo Murray: Reflexiones sobre el Juego y la Actuación»

    Esta es una transcripción realizada por Inteligencia Artificial.

    Entrevista realizada en Octubre del 2020.

    Paulo Galindo: Ya tenemos con nosotros a un gran invitado en El Mentidero Live 2.0 para abrir nuestra segunda temporada: nada más y nada menos que el talentoso, simpático, y guapísimo actor mexicano, Rodrigo Murray. ¡Qué honor tenerte con nosotros!

    Rodrigo Murray: Después de esa presentación, querido Paulo, creo que mejor me quedo callado el resto del tiempo y lo dejamos así. Muchas gracias, hasta luego.

    Paulo Galindo: Es un encanto platicar contigo. Nos conocemos desde hace tiempo, tenemos amigos en común, y me encanta la idea de que nos cuentes un poco más sobre la vida del actor en México. Somos una compañía de teatro, y nos interesa mucho conocer tu perspectiva.

    Rodrigo Murray: Primero que nada, agradezco mucho que me hayan invitado. Adoro toda la parte del norte del país, especialmente Sonora. Tengo un entrañable amigo en común, Jesús Ochoa, con quien conocí muy bien a tu padre y a tu tía, que en paz descanse. Son personas adorables y maravillosas, y a la postre, te conocí a ti. Opino exactamente lo mismo de ti, Paulo. Ojalá algún día trabajemos juntos porque me gusta mucho lo que haces.

    Yo nací en una casa de actores. Mi padre fue actor durante toda su vida. Hace tiempo que ya no actúa, debido a su avanzada edad y a problemas de salud. Esto no sería excusa para alguien como López Tarso, ¿verdad? Pero bueno, en el caso de mi viejo, sí lo es. Hace tiempo empezó a sufrir de demencia.

    Crecí con un padre actor y una madre médica. Tengo cuatro hermanos, y todos, en algún momento, nos dedicamos a la actuación. A mí prácticamente ni me preguntaron, fui niño actor. Lo primero que hice fue a los 9 años, en una película de mi padre, y desde entonces no he dejado de trabajar. Para mí, la vida de actor es como la vida común y corriente, o diría yo, común y silvestre, porque no soy muy corriente. No podría entender otra forma de vivir.

    Cuando pasó lo de la pandemia, en donde estuvimos seis meses sin actividad teatral, me sentí vacío. La actuación es mi forma de vida. No importa si hay una buena ganancia económica, lo importante es que lo que hago me llene espiritualmente, que tenga que ver con un buen personaje, una linda compañía, un buen director y un buen guion. Creo que encontré mi vocación muy pronto, afortunadamente. En algún momento, dudé en estudiar medicina, claro, por influencia de mi madre, quien además de ser médica, estudió arquitectura. Una mujer increíble.

    Paulo Galindo: El arte estaba presente en tu casa, ¿verdad?

    Fotografía de Mariana Xareni tomada de carteleradeteatro.mx

    Rodrigo Murray: Exactamente. Mi madre diseñó muchas de las producciones de mi padre; era la constructora, la escenógrafa. El entorno me orilló hacia la carrera de la actuación y las tablas. Estudié teatro en la Facultad de Filosofía y Letras, en la Escuela de Teatro. Actualmente doy clases los lunes y los viernes. Estamos en un periodo vacacional, pero en 15 días retomamos las labores, en mi caso, como docente.

    Paulo Galindo: Eres un actor de los pocos en México que tiene el privilegio de moverse con facilidad entre el teatro, el cine, la televisión y el radioteatro. ¿Cómo es para ti cambiar de un medio a otro?

    Rodrigo Murray: Siempre lo he dicho: me casé con el teatro y tengo dos amantes, el cine y la televisión. Una de estas amantes es más barata, más ‘putona’, por decirlo así, y la otra es un poquito más cara, más exigente. Pero el teatro es donde todos los actores deberían formarse.

    Entiendo que el teatro, el cine y la televisión son distintos lenguajes, como cuando uno habla español, pero también le gusta el italiano o el francés. Estos distintos lenguajes hay que tratarlos de entender. El verdadero trabajo no está en el medio, sino en la creación del personaje. Si entiendes al personaje, da igual en qué medio lo pongas, vas a nadar como pez en el agua.

    El secreto, si se le puede llamar así, es trabajar a partir de la imaginación. Leer, estudiar, ver series, ir al teatro, visitar museos… Todo lo que enriquezca tu acervo cultural servirá eventualmente para construir un buen personaje.

    Paulo Galindo: Nos podríamos seguir platicando dos horas, pero el tiempo es cruel. ¿Qué estás haciendo actualmente? Porque estás bastante movido.

    Rodrigo Murray: Me gustaría quedar contigo y en algún momento poder ir para allá a dar una plática, una charla, o hacer un masterclass. Pero en este momento, estoy al aire los jueves a las 11 de la noche con Renta Congelada, un programa que sale por el canal de las estrellas.

    Estoy a punto de estrenar El Marido Perfecto, con Jesús Ochoa, Lisa Owen, Cecilia Galeano, en el Teatro Insurgentes. Además, en breve estrenaremos El Testamento de la Abuela en Netflix, una película que sigue la saga de La Boda de la Abuela y El Cumple de la Abuela. Y también estoy retomando el semestre en la universidad, sacando a pasear a la perra y cocinando mole de guajolote.

    Paulo Galindo: Ojalá que esta obra se dé la vuelta por aquí, sería genial verte en Hermosillo.

    Rodrigo Murray: Me encantaría.

    Paulo Galindo: Ya sabes que en Hermosillo tienes tu casa. Cuando quieras, eres bienvenido. Gracias, Rodrigo. Un abrazo de parte de toda la compañía y toda nuestra admiración para ti. Te agradecemos mucho que hayas estado en El Mentidero Live 2.0. ¡Hasta luego!

    La entrevista completa puede verse en el canal de YouTube de El Mentidero. Ver aquí

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