El Mentidero

Un mirador en el desierto

El blog de la Compañía teatral del norte

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¿Qué se puede agregar de una obra que lleva 27 años escenificándose? Preguntarnos, quizás, si aún tiene validez en nuestra cambiante modernidad. Ahora me da por recordar las palabras de un escritor polaco, Witold Gombrowicz, cuando escribió: “La cultura infantiliza al hombre (dónde dice hombre léase individuo, ser humano, persona, etc.) porque ella tiende a desarrollarse mecánicamente y por lo tanto le supera y se aleja de él”. ¿Qué quiso decir con esto?

Porque sucedió que en el foro Roberto Méndez se presentó la obra La hora del bacanora e, inmediatamente después, se llevó a cabo la premiación de quien la escribió, el sonorense Sergio Galindo (1951), lo que a su vez brindó la oportunidad de conocer un poco más sobre su trayectoria como dramaturgo y el salvado destino que tuvo (tiene, hasta ahora) la casa de la Compañía Teatral del Norte, El Mentidero.

Si querías comprar boletos al momento de llegar era imposible. Se habían vendido todos los lugares. En el centro del patio de El Mentidero se erigía ceremoniosamente un tubo de acero sobre una plataforma negra. Esperamos, y a las 8 pasadas se explicó que un grupo de mujeres iría pasando una por una para expresarse a través del movimiento sobre un eje fijo. 

DMT: día 7: sangre caliente

Había un rectángulo en el suelo cubierto por una tela gris. Llegué a sentarme lo más cerca que pude. El público esperaba conversando, tomando quizás las últimas cervezas del fin de semana. Era domingo y en el patio percibí ese aire nostálgico de la borrachera, cuando se realiza el recuento de la noche anterior.

El sexto día en el Festival Internacional de Artes Escénicas ha sido, a mi parecer, el que ha ofrecido la variedad más rica de eventos, no porque los shows hayan superado todos los anteriores, sino porque han sido, precisamente, los más diferentes entre sí.

DMT: Día 5: perder la cordura

Encontrar un espacio en donde sea posible la apertura emocional es difícil. Contar las historias sobre nuestros sueños, los retos a los que nos enfrentamos, los procesos que atravesamos, todo con micrófono en mano y frente a un público suena como una tarea olímpica. Olvidarnos de las restricciones con las cuales como sociedad e individuos vivimos es prácticamente imposible.

Qué importante es tener buenas herramientas de trabajo. En mi caso, como he dicho antes, viene siendo la pluma y la libreta. Hago mis apuntes ciegos y luego, cuando ya me siento a escribir, armo el rompecabezas.

DMT: día 3: sumergidos bajo el agua

Me doy cuenta ahora que esta serie de escritos se vuelven una crónica no solo del Festival Internacional de Artes Escénicas sino también de mi relación con un espacio y las personas que confluyen en él. Debida o indebidamente, ya entro como Juan por su casa.