Mes: diciembre 2022

  • Hora del teatro, los premios, el bacanora y los aplausos

    Hora del teatro, los premios, el bacanora y los aplausos

    Por Luis Enrique Araoz

    Sobre lo ocurrido en esta [y en otra] realidad el 15 de diciembre de 2022

    Ya no es posible aislar una cosa de otra. Así ocurre en estos días en que lo mejor es adaptarse al flujo saturado de información. A pesar de ello, opino que el orden existe o puede existir. Escribir, por lo menos, funciona como una herramienta para interpretar la antes llamada saturación. Por eso, la escritura es, en muchos casos, una más de las acciones adeptas al arte, lo es cuando procura visibilizar o –como me gusta a mí decir– brindar la experiencia a un público respecto a ciertos eventos que la realidad brinda de forma aparentemente caótica y arbitraria. 

    ¿Por qué digo todo esto ahora?

    Porque sucedió que en el foro Roberto Méndez se presentó la obra La hora del bacanora e, inmediatamente después, se llevó a cabo la premiación de quien la escribió, el sonorense Sergio Galindo (1951), lo que a su vez brindó la oportunidad de conocer un poco más sobre su trayectoria como dramaturgo y el salvado destino que tuvo (tiene, hasta ahora) la casa de la Compañía Teatral del Norte, El Mentidero.

    La pasada oración es larga, concatenada, casi yuxtapuesta, adrede.

        Pero a ver, salvado destino, ¿a qué pudiera referirme al hablar de una casa centenaria ubicada en el centro de la ciudad? La respuesta me lleva a la siguiente crónica que tiene, a propósito, un añadido de ficción. 

    [Pensemos que funcionaría, para añadir un efecto dramático a lo que ya de por sí gira en torno al drama (y a la comedia, lo veremos a continuación), pensar en una dimensión donde El Mentidero no existe, jamás se fundó y, en cambio, lo que antes había sido una escuela, luego de su abandono a causa del fallecimiento de la propietaria, se convirtió en un estacionamiento bancario. Así es. Imaginemos esto un momento. Una serie de carros estacionados en el centro de Hermosillo, Sonora. No muy diferente a los otros estacionamientos que hay en el área.] 

    La relación entre una y otra dimensión, es decir, entre la casa para las artes y un estacionamiento bancario quizás exista apenas en el dramatismo que implican los depósitos y las deudas hipotecarias. [Sin embargo, esta realidad se mantendrá con vida en las siguientes líneas para destacar lo que el esfuerzo artístico puede lograr.]

    Cuando llegué a El Mentidero eran las ocho de la noche, las personas estaban bien vestidas y olía a carne asada. No tardaron mucho en pasarnos. Me senté en la segunda fila y abrí mi libreta. El foro se llenó en cinco minutos y con unas campanadas, que me recordaron a unas sesiones de hipnotismo que atestigüé ya hace algunos años, la función comenzó. 

    Sonaba la noche rural. Los grillos, los búhos, el viento sobre las ramas de los árboles. Había un muro que corría en diagonal por el escenario hacia el fondo, hacia la única entrada o salida visible en escenario. Un hombre entró. Sonaba como cerdo, como el sonido que emiten los cerdos quiero decir, y esto, por alguna razón, me pareció aterrador. El hombre comenzó a decir algo, entre risas y octosílabos, sobre una suerte de entrega que venía a hacer. Hablaba en rima, cantaba, y el cerdo, me di cuenta, estaba en el interior de unas cajas que venía empujando.

    La hora del bacanora de Sergio Galindo

    Aquí comienza ya un rompecabezas, pensé, y si no me pongo trucha, no voy a entender nada. Así que me olvidé de mi libreta e hice lo posible por entender en el fraseo el sentido de la historia. De pronto el muro que cortaba el escenario en diagonal se abrió y había cinco personas, personas que hablaban en coro y tenían, más bien, el aspecto de un retrato en movimiento, un retrato que respondía a lo que el tipo que había entrado con los cerdos decía. 

    ¿Qué está pasando?

    En teatro, me había explicado unos días antes el maestro Sergio Galindo, es necesario sorprender continuamente al público, deja de funcionar si este puede predecir lo que sigue, lo pierdes. Y esto se ponía en práctica en la obra. Una obra que seguir ahora mismo al pie de la historia sería imposible, pues, lo que La hora del bacanora ofrece es precisamente una serie de anécdotas que corren a toda velocidad hasta adentrarte en las venas del desierto rural. Historias que hicieron reír a todos y cuando digo reír lo digo en serio. Estaba, por ejemplo, la risa de una mujer que escuché a lo largo de la obra, una risa aguda, quizás un poco dolorosa, una risa que compromete la vejiga y me hace pensar en el entumecimiento facial, una risa que es la ambición de todos los programas con risas grabadas.

    La hora del Bacanora de Sergio Galindo.

    [En este momento, en la dimensión del estacionamiento bancario, un pichón acaba de cagar el parabrisas de un Ford Vento blanco.]

    Entre historias de violencia absurdas que permiten ver la inteligencia de algunos, el racismo de otros, las ambiciones monetarias de aquellos, las preocupaciones de seguridad salubre de estos, Sergio Galindo y la Compañía Teatral del Norte, me permitieron adentrarme y perderme en la realidad de Sonora. Una realidad que va desde un ricachón de pueblo y eyaculador precoz hasta el crimen perpetuado por el Grupo México en el Río Sonora, cuando la mina Buenavista del Cobre derramó más de 40 millones de litros de desechos tóxicos que impactaron –con saldos letales– la vida de las personas y el ecosistema de la región. 

        La obra acabó. Los aplausos empezaron. Todos hacíamos lo mismo. Juntar las manos para producir un sonido que manifiesta la aceptación, la apreciación, la celebración. Luego comenzó la entrega del premio Desierto Ícaro. 

        La mitología griega cuenta la historia de Dédalo y su hijo Ícaro. Muchos ya conocen esta historia. Atrapados en la isla de Creta por el rey Minos, para escapar, Dédalo, un ingenioso inventor, fabrica un par de alas con plumas trenzadas uniendo las plumas más pequeñas con cera. La cultura judeocristiana sabe de esto, reconoce que el diablo se esconde en los detalles, y es en este último detalle de la cera donde se dicta la suerte del joven Ícaro, quien no atiende el consejo de su padre de permanecer a medio vuelo, ni muy pegado a las olas, ni muy cerca del sol. El final lo conocemos. Entonces, ¿qué es lo que premia el Instituto Sonorense de Cultura? ¿Los riesgos de obviar la prudencia?

        No. Sí. Veamos. 

    Según puede leerse en su portal, el ISC no premia tanto los riesgos, sino el valor de emprender vuelos arriesgados. Ahora en el escenario, Sergio Galindo recibe su premio, una estatuilla verde que me hace pensar en el corazón del desierto. Ahí está, acompañado de la directora de dicho instituto Guadalupe Beatriz Aldaco Encinas, el coordinador estatal de teatro Fernando Muñoz y el maestro de ceremonias Rafael Rábago, quienes reconocen la carrera artística de un hombre que regresó luego de estudiar Filosofía y Letras en la UNAM para explorar las figuras vivas y fantasmales de la región sonorense. Una carrera que muestra valentía, pues implicó fundar la mencionada Compañía Teatral del Norte y adentrarse en las comunidades de la sierra para llevar obras originales con un estilo teatral que retomaba parte del lenguaje, los modos y las costumbres de aquellos pueblos que muy poco conocían respecto a las artes escénicas. Finalmente, el reto llegó a esto, a la celebración y el reconocimiento.

    De izq. a der. Fernando Muñóz, Sergio Galindo y Beatriz Aldaco en la entrega del premio Ícaro,

    [Una suburban Escalade acaba de rozar a nuestro pobre Ford Vento. Quien conducía, ni siquiera se percató del daño hecho a la pintura.]

    Sergio Galindo tomó el micrófono y habló sobre la historia de El Mentidero. Una casa semiabandonada que había sido construida para ser un colegio de señoritas. Cuenta como él y Jesús “Choby” Ochoa, se asomaban entre las rendijas de una propiedad que había sido ya saqueada, incendiada e invadida, y fantaseaban con darle a este edificio centenario un destino artístico, salvarlo de la demolición, de los tonos grises y el pulso moribundo que ya otros espacios habían adquirido en el centro de la ciudad. Un destino que ahora en pocos, pero afortunados años, luego de un arduo trabajo de restauración, se había convertido en realidad.

    En la despedida, Sergio agradeció a su familia y a sus amistades, y las invitó, así como al resto de la compañía teatral, a tomarse fotografías con él. La imagen era entrañable. Poco después, salimos y me formé para comer tacos. Les puse salsa y guacamole. Agarré cebollitas asadas y me senté en una banca en el patio central. Mientras masticaba, pensé en el trabajo artístico que Sergio prometía bajo la siguiente amenaza: “por andarme dando premios ahora me aguantan”. Tragué. Con solo pensar en la cantidad de historias que este grupo de personas ha generado y generaría; la risa, la reflexión, la sensación de estar acompañadxs en los problemas a los que nos enfrentamos en la vida diaria, las peripecias, el entretenimiento, los reflectores, los sueños, las pesadillas, con pensar que todo eso está vivo y latiendo en este espacio. Con eso tengo.

    Sergio Galindo rodeado de familia y amigos.

    [Ahora un tipo de traje y aspecto exhausto se adentra al estacionamiento. Se afloja la corbata y camina mirando su teléfono celular. El atardecer tiene colores dolorosos. Cuando llega a su carro lo ve. Ve el daño, y la suerte de su vehículo se convierte en la suya. Existe ahí mismo un sonido mínimo, una ligera vibración. Por supuesto, lo único que este espacio representa ahora para el pobre individuo está entre los límites de su coraje, su imaginación está apagada, no le permite rebasar las dimensiones de su realidad, rodeado por metal frío y concreto. No escucha los aplausos.]

  • Eje a cielo abierto: una nueva visión del pole

    Eje a cielo abierto: una nueva visión del pole

    Por Luis Enrique Araoz

    sobre la obra que tuvo lugar el 7 de diciembre de 2022

    Si querías comprar boletos al momento de llegar era imposible. Se habían vendido todos los lugares. En el centro del patio de El Mentidero se erigía ceremoniosamente un tubo de acero sobre una plataforma negra. Esperamos, y a las 8 pasadas se explicó que un grupo de mujeres iría pasando una por una para expresarse a través del movimiento sobre un eje fijo. 

    Fotografía de Felipe Nery

    Gracia y fuerza, fue lo primero que pensé. Lograban de pronto aparentar que sostener tu propio cuerpo en un eje vertical mientras giras y mueves las piernas de un lado a otro es algo fácil, pero ahí estaba la fricción recordándonos con rechinidos, a manera de complemento a contrapunto en piezas musicales que iban desde Bach hasta melodías de Lady Gaga en cello, lo difícil que todo era en verdad.

    Según había leído un poco de ello en la página de El Mentidero, lo que se buscaba era desestigmatizar el pole dance, alejarlo de su elemento sexual y acercarlo a la danza artística. Las bailarinas a momentos sonreían o mostraban tristeza en sus rostros, quizás atormentadas por una dificultad vital que buscaban solventar a través del movimiento y el esfuerzo físico. El público compuesto por hombres y mujeres de todas las edades miraba hipnotizado a las bailarinas moverse sobre y alejadas del eje. Me recordó a las cajas musicales que encontraba de pronto como pequeños tesoros en las habitaciones de mis tías o primas, cajas musicales con bailarinas que giraban y giraban entre melodías a veces tristes y a veces alegres. 

    Fotografía de Felipe Nery

    Cada una de las piezas comenzaba con un mensaje que, según entendí, provenía de lo que cada bailarina buscaba ya fuera expresar o trabajar por medio de su coreografía. El público inundaba el silencio después de cada pieza con aplausos y gritos. Muchos de los mensajes hablaban de la fuerza que podía obtenerse a partir de la duda, de la incertidumbre, de la vulnerabilidad. Las bailarinas terminaban exhaustas. A diferencia de lo que me hacían sentir aquellas cajas musicales al imaginar el enclaustramiento de sus personajes en un pequeño receptáculo que pasaba la mayoría del tiempo cerrado y oscuro, me dio gusto que todos atestiguáramos los frutos que el esfuerzo y el cansancio brindan cuando se tiene por objetivo la liberación a través de la comunidad y el apoyo.

  • DMT: día 7: sangre caliente

    DMT: día 7: sangre caliente

    Por Luis Enrique Araoz

    sobre lo ocurrido el 4 de diciembre de 2022

    Había un rectángulo en el suelo cubierto por una tela gris. Llegué a sentarme lo más cerca que pude. El público esperaba conversando, tomando quizás las últimas cervezas del fin de semana. Era domingo y en el patio percibí ese aire nostálgico de la borrachera, cuando se realiza el recuento de la noche anterior. Había música y esta poco a poco fue tornándose más tensa, lo noté poco antes de que cuatro personas entraran y tomaran posesión en el escenario. 

    Comenzaron sentadxs. Hacían contacto visual y esperaban. El público, incluyéndome, sostenía la mirada. ¿Qué había en sus ojos? Una historia encubierta que intentábamos descifrar en ese puente de alta tensión visual. La música fue acelerándose y lo mismo sus movimientos. Su vestimenta era una extensión de su trote nocturno entre los humores de la urbanidad. Me hacía pensar en los antros. La nostalgia dominguera se había esfumado. Viajamos al epicentro de una pista de baile, donde la sexualidad ya era libre, frenética, desmesurada.

    Impropio, Margarita Danza Aquí

    Impropio, ser alienante de Margarita Danza Aquí, dirigida por David Barrón, me llevó a la condición compleja del aferre a la intensidad que brinda la fiesta, la música, la compañía. ¿Qué le hemos pedido a la noche cuando buscamos en las miradas desconocidas la posibilidad de un encuentro que desborde el aburrimiento de nuestras rutinas? El público se mantenía curioso, tenso y, de pronto, liberaban sus risas causadas por la interacción con lxs bailarinxs en pleno patio, entre luces que se atenuaban. Cuando menos lxs esperabas ya estaban junto a ti, sentadxs en tus piernas, incluyéndote en su búsqueda, contagiándote (esto no lo digo en sentido figurado, el público bailó y compartió esos reflejos de lujuria lunar). 

    Villa Rosales, Latin Jazz

    Impropio, ser alienante se adentraba en la desesperación y las soledades que usualmente generan estas búsquedas. Cuando vamos de fiesta y decimos que sí a los excesos, cuando llegan estos momentos de reflexión laberíntica y delirante. Hubo un momento en que David Barrón, en un solo sobre el escenario, me provocó ternura al verme entonces en esos recuerdos que seguramente no pertenezcan solo al pasado, me habló de esas intenciones mías por encontrarme en otros cuerpos, en otros roces, en buscar que la realidad se vuelva más real, más intensa, para despertar repentinamente del delirio y cuestionarme, en medio de la fiesta, de la música reventando mis tímpanos, en mi cuerpo sudado, cuestionarme si esta búsqueda es tan absurda y tan necesaria como parece. 

    El ritmo, tarde o temprano, tiene que bajar. Y en Impropio todo volvió al inicio, a los cuerpos sentados, a la escucha de la misma canción inicial, entre una atenuación de las luces. Fue entonces cuando lxs sumergimos en aplausos. Se despidieron. 

    El Mentidero y La Compañía Teatral del Norte agradecieron su participación y pasaron al reconocimiento general de las personas que con su esfuerzo hicieron un encuentro como este posible, a lxs voluntarixs, a lxs expectadorxs y participantes. Establecieron su contento de haber llevado a cabo por primera vez un festival internacional de artes escénicas en Hermosillo y prometieron buscar la mejora continua en los años siguientes. Yo me sentí enormemente feliz de que acabara, había sido testigo de los semblantes agotados de lxs organizadorxs, que trabajaban sin parar para que todo funcionara. Después llegó Villa Rosales con jazz latino. Fue el merecido cierre. Lo viví bailando, hasta que tuve que tomar una decisión entre mover mis pies o mis ojos. Preferí detenerme a mirar. Atestiguar el éxito. El patio estaba lleno. Público y artistas bailaban con una enorme sonrisa en el rostro, agradeciendo quién sabe qué cosa. La empatía, la amistad, la presencia, la libertad, la verdadera riqueza. ¿Qué más?

  • DMT: sexto día: entender la realidad a través del caleidoscopio

    DMT: sexto día: entender la realidad a través del caleidoscopio

    Por Luis Enrique Araoz
    Por Luis Enrique Araoz

    sobre lo que ocurrió el 03 de diciembre de 2022

    Quise sentarme lo más cerca al escenario posible. Esta práctica la tengo presente desde que comencé a ir a eventos en vivo. Sé muy bien que de lejos no es posible apreciar el pulso de las cosas que suceden en ese espacio donde, si bien les va o si el trabajo es efectivo, lxs alquimistas transforman el movimiento, la voz, la escenificación en oro puro. 

        Bueno, quizás sea mejor mantener una visión más austera al respecto. Sé muy bien que el arte no es oro, en especial si consideramos que es menor el número de artistas que pueden pagar con sus actos la luz, la renta, el agua y algunos placeres esenciales como una buena comida, un buen trago y unas dignas vacaciones de vez en cuando. Sin embargo, quienes deciden hacer esto saben que el beneficio –que se ha impuesto en la vida ya como una necesidad, la necesidad de experimentar la vida a través del arte– llega a ser mucho más poderoso que cualquier beneficio monetario. Y esto, como hemos visto en el festival DMT, presenta entonces posibilidades caleidoscópicas para generar y presentar temáticas, estilos, movimientos, discursos, críticas, entretenimientos.

    El sexto día en el Festival Internacional de Artes Escénicas ha sido, a mi parecer, el que ha ofrecido la variedad más rica de eventos, no porque los shows hayan superado todos los anteriores, sino porque han sido, precisamente, los más diferentes entre sí.

    Poco antes de las 6 pm, un tipo iba y venía entre la gente, buscando algo que parecía haber perdido. Lo cierto es que extrañaba su mirada, invadía. Yo pensé: quién sabe qué ande buscando, pero vale más que se siente porque esto empezará en cualquier momento. Al tipo no le importaba nada. Se aferró. Luego se metió al escenario. Y pensé: bueno, cuando el teatro es al aire libre y el espacio de actuación está al alcance de cualquier caminante, hay que esperar este tipo de consecuencias. Pero luego el muy sinvergüenza se pegaba al piso y le llamaba a la gente para que le ayudara a buscar lo que fuera que se le hubiera perdido. Así la cosas. El teatro llama a los desquiciados.

    Conseqüències / Cía. Moveo, Barcelona, España.

    Este fue el inicio de Consceqüències, la obra que trae el grupo CIA MOVEO de Barcelona. Y a través de la participación del público, también integrado por otros miembros de la compañía que inesperadamente eran llamados a escena, la obra iba creciendo. Se trataba, primero, de una búsqueda. Lo que buscaban parecía ser una energía placentera que derivaba de un sonido. De esta forma, dos mujeres y tres hombres vivían el efecto musical de esta energía que mostraba, unas veces, un fino erotismo y, otras, una serie de consecuencias violentas, frenéticas y humorísticas exploradas con el cuerpo y el movimiento. Compartían un continuum, todxs estaban energéticamente conectadxs.

    En eso estaba cuando uno de ellos se acercó a mí y me pidió que intentara escuchar. Dejé mi libreta, me eché al suelo y pegué mi oído al escenario. ¿Qué fue lo que escuché?

    La madera crujía con los pasos de otrxs espectadorxs que hacían lo mismo que yo. Lxs bailarinxs-actores se nos unieron y todo se volvió un mismo sonido. Eso era. La certeza de que compartíamos esto, el delirio de estar vivos, de poder reír de lo que no tenía sentido y, más adelante, de experimentar algo que no podía explicarse con palabras sino con gestos, con la narrativa de nuestros cuerpos que tomaban un espacio común y con la emoción climática de poder convivirlo.

    Conseqüències / Cía. Moveo, Barcelona, España.

    Vi lágrimas en los ojos de una espectadora que aplaudía mientras CIA MOVEO daba el agradecimiento al público y al escenario. Se despidieron. La pausa sirvió para esto, para dejar que la emotividad se asentara en el estómago y las lágrimas se secaran. Lo que fue muy necesario para atestiguar la entrada de Rubbish Rabbit, una entrada que involucró a dos hombres en ropa interior, caminando alrededor del público, ganándose unx que otrx voyeur que miraba directo a sus genitales cubiertos apenas por una trusita blanca. 

    Un guitarrista tocaba acompañado de un armonioso sonido de pájaros en canto, mientras los hombres se vestían de traje negro para convertirse en los clowns más caóticos que he conocido en mi vida. Rubbish Rabbit de Tony Clifton Circus Show, como ellos mismos aclararon, era un show incomprendido en Italia, repudiado por las madres italianas, un espectáculo en donde lo políticamente correcto era una estupidez y, sobre todas las cosas, un evento que respetaba la naturaleza destructiva y caótica de la infancia.

    Rubbish Rabbit / Tony Clifton Circus, Francia.

    A través de bromas absurdas, sin sentido, fuegos pirotécnicos, la destrucción, la quema y el tasajeo de una barbie, nos mantuvieron a la mayoría riendo. Por supuesto, me mantuve atento de los rostros que atestiguaban con repulsión ciertas bromas, el terror en sus ojos, la desaprobación expuesta por medio de reacciones negativas que en ningún momento terminaron en el abandono de la sala. 

    El show creció no solo en el ruido, la música y las bromas, sino también en el mensaje, pues, al llegar al final, entendí que había una lógica política detrás de todo ello, la cual planteaba lo mierda que es el poder disfrazado o encubierto bajo el concepto de la democracia. Con su broma final, los clowns, cansados de ser presa de la risa general, se convertían en los vengadores de años y años de la victimización de sus colegas, y alternaban su condición para lograr que alguien en el público, un público cínico, recibiera esta vez el pastel de crema en el rostro.Your portfolio. Your control. Your success cbc investors official site. Les tocaba ahora a los clowns reír, y aterrorizaban a todxs mientras esperábamos el pastelazo. “¿El poder es una mierda, ¿no?”, dijo quien tenía el pastel de crema en la mano entre un discurso que mencionaba a la revolución francesa. Finalmente, alguien recibió el pastelazo. Mariano se paró entonces, con la cara cubierta por crema batida, a vengarse de los clowns y acabó en el suelo, muerto por el disparo de una pistola de plástico.

    Rubbish Rabbit / Tony Clifton Circus, Francia.

    Todo el show es así. A mi parecer, un espectáculo finamente planeado que ejercita el discurso de lo caótico para que el público ría y entienda el funcionamiento de la lógica del poder contemporáneo. Lo que nos lleva ahora a la obra final La tuba de Goyo Trejo: el juicio, el cual presenta un discurso similar, pero una ejecución muy diferente, una ejecución que comenzó con la atizada del carbón para una carne asada y los personajes desplazándose entre nosotros. El dramaturgo Sergio Galindo y el resto de actores de La Compañía Teatral del Norte cuentan una historia que se complica gracias a las diversas versiones de un crimen. La obra vuelve partícipe al público no solo a través de la constante interacción de los personajes con él, sino también gracias al deguste de alimentos, por ejemplo, una bandeja de queso fresco que se pasaba de mano en mano. 

    Totalmente inmerso, fue gracias a esta obra que entendí lo importante de recordar que todo suceso en la vida es visto a través de un caleidoscopio. Los colores, los patrones, el rompimiento de las voces y los rumores al momento de interpretar esta como cualquier historia están presentes y eso termina por entintar nuestro juicio. Así, se termina por esclarecer el funcionamiento de la política en México, en donde lxs candidatxs que anhelan el poder se arman de mecanismos huecos para ganarse la esperanza de los votantes. Cheve y despensa. Esto, a mi parecer, fue el mensaje más fuerte de la obra, sin embargo, había mucho más. Como Sonorense me vi en constante diálogo con nuestras tradiciones, nuestro humor, nuestra gastronomía y nuestro idioma regional que enriquece hasta lo barroco al español.

    La tuba de Goyo Trejo, el juicio. / Compañía Teatral del Norte, Sonora.

    La obra cerró con una risotada general, con una frase que llevo oyendo años en mi familia, “lo que sea de cada quién, qué buen herrero es Gumersindo”, una frase que utilizamos para redimir lo irredimible. 

    Terminé el penúltimo día del festival con el rostro adolorido de tanto reír, con un entendimiento más claro del tiempo en el que vivo, con el sabor de carne asada y cerveza en el paladar.

  • DMT: Día 5: perder la cordura

    DMT: Día 5: perder la cordura

    Por Luis Enrique Araoz
    Por Luis Enrique Araoz

    de algunas voces que cuentan

    lo que ocurrió el 2 de diciembre de 2022,

    Encontrar un espacio en donde sea posible la apertura emocional es difícil. Contar las historias sobre nuestros sueños, los retos a los que nos enfrentamos, los procesos que atravesamos, todo con micrófono en mano y frente a un público suena como una tarea olímpica. Olvidarnos de las restricciones con las cuales como sociedad e individuos vivimos es prácticamente imposible. Sin embargo, llegué a experimentar todo lo anterior en Hermosillo, Sonora, en El Mentidero, para ser más preciso, en el día 5 del Festival Internacional de Artes Escénicas.

    Colectivo Danza Espontánea inició este proceso.

    Les llamaron resonantes. Claudia Landavazo, directora del colectivo, explicó esto y el funcionamiento de la dinámica. Se refería a los y la bailarinxs que estaban ya listxs en el escenario: una lona gris en el centro del patio central. Nada era planeado y sus movimientos funcionaban a partir de las palabras que primero, ellos y, después, el público, compartían. A lo largo de la obra, Claudia fue un puente. De esta forma, los movimientos, las contorsiones, los gritos que podían llegar a ser incomprensibles eran entendidos como una resonancia de lo que el público se sentía cómodo en compartir. Y esto no era poco, pues las emociones y las historias sobre nostalgia, desesperación, tristeza, inconformidad, búsqueda, miedo y deseo eran relatadas con brillo en los ojos, lo que me permitía entonces saber que había una exploración sincera de los pesos que no por cotidianos dejaban de presentar una condición arrastrante.

    Danza espontánea / Dispositivo

    Y como condición transformadora que presenta El Mentidero, las cosas no quedaron aquí. Los actos que presentaron esta noche fueron una evolución cada vez más descabellada. Por eso afirmo que perder la cordura es lo mejor que pudo pasarnos este día. Estuve y atestigüé lo que sucedió. El viernes fue la primera noche en que Cía Moveo, una compañía de teatro físico de Barcelona presentó su número Conseqüències y Tony Cliffton Circus, de Italia, su “Rubbish Rabbit”. Es todo lo que diré al respecto, porque quiero que todos ahora sepamos lo que público tuvo que decir.

        Vayamos con Conseqüències: 

    «Excelente con sus acrobacias, la danza, la música, cómo van contando una historia de que este muchacho escucha algo y cómo va fluyendo, cómo interactúan con la audiencia, cómo los van jalando. Te va metiendo poco a poco en esta historia con la música.»

    «Fue muy bonito la parte colectiva, la parte donde involucran al público, más allá de la acrobacia y toda la virtuosidad que hay en les morres, me gustó mucho cómo involucraban al público. Fue bonito.»

    «Magnífica. Me pareció una propuesta fresca, innovadora aquí en la región y muy rico de ver, un descanso visual.»

    Ahora, mientras todo esto ocurría, en un momento sumamente emotivo de Consceqüències, con la lágrima deslizándose cuesta abajo por mi cachete, vi de pronto a uno de los Rubbish Rabbits correr por detrás del escenario. Llevaba algo que iba quemándose en las manos. ¿Qué fue eso le pregunté a Paulo, director de La Compañía Teatral del Norte (quien ha sido anfitrión de estos eventos)? No sé, me dijo. Más tarde me enteré: en pruebas algo comenzó a quemarse de verdad. Y me pregunté, ¿qué tipo de show es el que viene?

    Este:

    «Cuando yo llegué la gente tenía un hule enfrente para protegerse. Yo no entendía qué estaba pasando. Veía gente hacer cosas absurdas y al final entendí que estaban hablando de política. Fue un giro inesperado la verdad. Me dio mucha risa.»

    «Se mamaron, increíble, estuvo muy curado, cómo les valía que les aventaran cosas, la pirotecnia, y el gran final. Y aunque les costara el español, lograron comunicarse y dar a entender su clown.»

    «Tuve muchos sentimientos encontrados, yo creo que nunca había visto este tipo de espectáculos, de mucho impacto, definitivamente fuerte, aunque no lo pareciera. No como una crítica porque se presentan haciendo sátira del tema de la democracia. Es un show medio grotesco, pero interesante de ver alguna vez en la vida.»

    «Me sorprendía cada vez más. No sabía qué esperar. Siempre estaba a la expectativa y siempre fue escalando y escalando y escalando. Creo que puedo decir que a todos nos mantuvieron cautivos, para bien o para mal, porque sí vi caras de desaprobación, pero estaban pendientes. Todos estábamos ahí, todos existimos en ese mismo momento.»

    «Irreverente, clownesca e… irreverente, ¡jajaja! Me molesta un poco que sigan usando animales, porque ya ha habido mucho trabajo para que quiten a los animales de ese trato, qué necesidad, pues, pero todo lo demás excelso, me mie de risa, pues.»

    «Fue bien chido, porque tuve la sensación de que no estaba en Hermosillo viendo un espectáculo. De repente me vi como en el Festival Iberoamericano de Teatro, no sé, como una cosa más de ruptura, más del punk, de estas narrativas que no son tan usuales en México porque hay un rompimiento de todo, de todo. ¡De todo! Porque creo que como cultura latinoamericana posiblemente tratamos de cuidar mucho al público. Y en este caso, que vienen de una cultura y un contexto completamente distinto al nuestro había esa falta de respeto que estuvo bien interesante, […] hay cosas que para nosotres puede ser más violento, como el hecho de usar una pistola o descuartizar una barbie, que lo tenemos tan cercano, tan de nuestro cotidiano que afecta. Afecta de manera distinta. Entiendo que no tendrían por qué detenerse, ellos hacen un trabajo que va de esto. Pero para nuestro contexto puede ser demasiado abrumador. Pero plantearon desde el inicio que lo políticamente correcto no es lo de elles.»

    «Uff, anarquía pura. Es romper la norma, romper con los porqués. Rompen con toda pinche pregunta.»

    Así las cosas.

    Yo preguntaba esto mientras el último jam poético tomaba efecto. Para esto, alguien bailaba flamenco, había un sax con efectos, una guitarra multipedaleada y música eléctronica. El ambiente era misterioso. Místico. Se convocaban espectros y yo ya estaba listo para aceptarlo todo.

    En eso escuché salir de boca ajena algo que bien puede cerrar esta crónica de eventos descabellados y acercarnos aún más a toda esta experiencia que ofrece el DMT:

     «Es algo muy bonito conocer a gente que viene de otro país y hacen su tipo de arte. Es algo muy especial para mí haberlos visto, la neta me encantó lo que te puede llegar a mover, los sentimientos que pueden llegar a tocar en ti como público.»

  • DMT: cuarta noche: apropiarse del fracaso

    DMT: cuarta noche: apropiarse del fracaso

    Por Luis Enrique Araoz

    sobre ciertas cosas que ocurrieron

     el 1ero de diciembre de 2022

    Qué importante es tener buenas herramientas de trabajo. En mi caso, como he dicho antes, viene siendo la pluma y la libreta. Hago mis apuntes ciegos y luego, cuando ya me siento a escribir, armo el rompecabezas. Las palabras evocan el momento, las impresiones, los rostros del público. Si alguien me viera mientras escribo todas estas notas se diera cuenta que paso gran parte del tiempo viendo el techo o la equina donde se acumula el polvo. Evocando a partir de los apuntes. Pero pasó ayer que salí corriendo de mi casa porque me enteré que Chucho Díaz estaba dando un taller de clown y yo quise tomarlo. Por la prisa me olvidé de mi pluma, y cuando llegó la noche y el show estaba por empezar tuve que pedir una. A mí no me gusta pedir estas cosas. Me hace sentir como un pintor de paredes que llega a la casa en donde lo contrataron para pintar y pide la brocha. En fin, me prestaron la pluma, agradecí mirando una mancha en mi zapato y me fui a sentar en una banca, listo para registrar. 

    El patio estaba lleno. No había niñxs esta vez. Mientras llegaba la tercera llamada, yo platicaba con dos amigos, Christian y José, sobre los viajes psicodélicos, el DMT, el sapito, la ayahuasca, visiones, entendimientos, viajes trascendentales, los malos trips, experiencias que nos cambiaron para siempre. Luego comenzó. Y aquí se presentó mi segundo problema. La pluma no escribía.

    Habrá quienes piensen que esto no presenta mayor problema, a fin de cuentas, todo es subjetivo, hay que hacerlo parecer como si todo fuera un hecho irrevocable, y listo, la gente lo va a creer. Así funcionan todos los medios. Incluso todo lo que nos platicamos entre nosotros. Ese es el principio de la comunicación. De hecho… Perdón, me estoy desviando…

    [Este es un ejemplo de lo que pasa cuando no puedo escribir en mi libreta. Me distraigo en mis propias ideas. Fantaseo. Imagino. Me da fiebre ideológica. Chucho ya había empezado a tocar la armónica y yo movía el pie pensando en los orígenes del blues, preguntándome qué hacía un perchero en el escenario (pues todo objeto es una herramienta que debe usarse a toda costa, nos explicaba en el taller unas horas antes), preguntándome qué tipo de armónica era esa, cuánto tiempo le había tomado para aprender a tocar tan bien, etc., un largo etcétera.)

    Me empeñé en continuar mis apuntes. El público comenzó silencioso, quizás porque nada parecía salirle como estaba planeado. El sombrero no aterrizaba en el perchero, los malabares se le caían, las baladas que tocaba se le olvidaban y eran en general tristes. El acto no está funcionando, pensé, pero luego Chucho contó una historia sobre una ocasión en que él y su madre decidieron ir al teatro, y dijo: “No entendíamos nada. Y por eso supe que la obra era buena, porque cuando entiendes algo es mal teatro”. Me pareció que aquí había una pista. 

    Las personas poco a poco comenzaron a salir del letargo. Escuchaba risas. Chucho, entre acto y acto, invitaba al público a ser parte de su obra y esto parecía gustarles a todos. Consciente o inconscientemente cualquiera vive con el deseo de ser notadx, reconocidx, de tener una destreza que las personas aplaudan. Y en el acto de “Solo un payaso” de Chucho Díaz encontraban esto. De pronto entendí. El fracaso de los performances acrobáticos podrían ser parte de su número. La historia de este clown es entonces la de aquel ser que se esfuerza por traer al público historias de desamor, actos de ingenuidad y baladas tristes que tienen ante todo el objetivo de hacernos reír porque confía en que la fuerza de la risa tiene la capacidad de vencer cualquier malestar.

    Entender esto me había llevado varios corajes con la pluma. Hubo un momento en que despotriqué mentalmente contra todo lo que vendían en Office Depot, marca que venía rotulada en la pluma con un plateado brillante y triunfal. La cabeza comenzó a dolerme por tratar de poner toda mi atención en el acto y las reacciones del público. O me dolió por fallar tantas veces en el intento. Afortunadamente, Chucho ya me había enseñado algo al respecto. 

    Fui por una cheve. Me di cuenta que ya se sentía el sabor de fin de semana. Me fui encontrando a más raza conocida. En un ambiente totalmente social, me involucré en conversaciones sobre el acto de Chucho, sobre su taller de clown, sobre lo que venía en los siguientes días que ya habían sido anunciados como los mejores del festival. En eso, Santy Lo Music ya había tomado posesión del escenario y comenzaron. Una vocalista y su banda. 

    Había algo familiar en el sonido. José me dijo que lo hacía sentir nostalgia. Que todo le recordaba a su pareja por las letras de las canciones. Era como estar en el interior de una estación de radio con puras canciones románticas, una estación que de vez en cuando cumple caprichos y tocan “Hotel California”. Sonidos arraigados en las circunvoluciones cerebrales de la población mundial. El dolor de cabeza se me fue quitando. Me parecía extraño que este evento fuera parte del festival. Me hice preguntas. Basta, dije. Yo y mis dolorcitos craneales autoinfligidos. El público parecía disfrutarlo. Me daba la impresión de que Santy Lo Music era una artista emergente, una artista que cantaba covers y también escribía canciones en colaboración con su primo que era el guitarrista de la banda. Entonces me dije: porqué sería extraño que esto suceda aquí, si este festival parece tener algo para todos. 

    Santy Lo Music siguió tocando. Me pregunté que tanto sabía sobre el fracaso y, lo más importante, qué tanto sabía sobre la apropiación del fracaso como parte de la ejecución artística. Por mi parte, decidí irme en ese momento, convencido de que a la siguiente mañana iría temprano a comprar un paquete de plumas deficientes al Office Depot.

  • DMT: día 3: sumergidos bajo el agua

    DMT: día 3: sumergidos bajo el agua

    Por Luis Enrique Araoz

    sobre lo que ocurrió el 31 de noviembre de 2022

    Me doy cuenta ahora que esta serie de escritos se vuelven una crónica no solo del Festival Internacional de Artes Escénicas sino también de mi relación con un espacio y las personas que confluyen en él. Debida o indebidamente, ya entro como Juan por su casa. Saludo a la gente. Le explico cosas a los que nos visitan, por ejemplo, que la gata negra que de pronto bordea nuestras piernas es de hecho la propietaria de la casa. Me preguntan su nombre. La llaman Lupe o Lupona, les digo, pero su identidad es un misterio. El felino es en realidad un nahual que ha tenido la capacidad de adaptarse a los cambios que la gente le da a su hogar (de agujero funky a casa para el teatro, por ejemplo) y que, si la respetan, chance y les deja conocer más secretos de este espacio que, entre mágico y embrujado, tiene muchos años de vida por delante.

    Hablar del respeto por la casa y los que confluyen en él podría ser el tema de este escrito –que se me antoja menos como crónica y más como una serie de apuntes sobre lo que pasa cuando te vuelves parte de una comunidad artística–, pero no quiero que pierda la sensación de experiencia viajera, porque, a fin de cuentas, si el festival se llama DMT es por algo. Así pues, les voy a contar qué pasa cuando te vas en el viaje de lo que habita en la mente de estos artistas.

    Lo que pasó el 31 de noviembre fue algo así como viajar al infierno y terminar en el paraíso, solo que este último era un rave, una fiesta underground de fuego y música electrónica y percusiones a todo volumen, tomando cheve y bacanora.

    Vamos a comenzar. 

    Nos pasan al foro Roberto Méndez. Me siento en una esquinita porque el cupo es limitado (aunque cierto es también que a mí me gusta eso de andar de fantasma, incorpóreo, con una libretita en donde hago apuntes que luego me doy a la tarea de descifrar.) Además, esta perspectiva me permitirá ver cómo el público reaccionará a la obra de Daniel Borbón que ya he visto antes y, por lo mismo, sé algo sobre el tipo de estrujamiento cardiaco que están por experimentar.

    Daniel nos recibe con abrazos. Ahí comienza todo, digo. Me doy cuenta. Ahí comienza la sensación que domina en la obra, la de estar en una sala íntima mientras Daniel nos cuenta una historia sobre su infancia. 

    Daniel va y viene, saludando a la gente. Diciéndoles hola, que bien te ves. Gracias por venir. Te mandó tu mamá, ¿verdad? Y todos le responden y sonríen. Luego Daniel nos saluda de manera general y comienzan los pasajes. Un proceso de hipnosis que, con cada campanada, nos va sumergiendo más y más en la historia de un niño que se enfrenta a un contexto terriblemente hostil. Un niño que sueña con ser sirena, pero debe buscar términos conocidos para que otros puedan entenderlo. Joto, homosexual, gay. 

    Daniel Borbón, Memorias de Asteroides y Sirenas.

    Experimentar la obra es algo inigualable. Te provoca risa, pero al final de cada una de ellas, cuando te das cuenta de que enseñaste los dientes y la cara se te congela en un gesto que se vuelve absurdo muy pronto, sientes el golpe de tristeza. Lo compruebo en la reacción del público. Te ríes y sonríes porque empatizas, porque Daniel ya nos tiene cautivados en su salita de estar contándonos, con un tono sincero unas veces y otras irónico, cómo sentía la asfixia, la violencia, el abuso. La resonancia a través de su dolor, de sus heridas. Y para hacer esto, no le faltan recursos. La obra, dirigida por Claudia Landavazo, usa el scrapbook, la proyección, el playback, las canciones de Mecano y la figura madrileña de Ana Torroja, el teatro de sombras y frases como “pensé que algo malo tenía que pasar porque no merecía tanta felicidad”, frases que, al ser dichas con un tono dulce, revelan una gran capacidad para contar una historia a partir de las cicatrices. 

    Cuando termina, corro a abrazarlo. Conozco a Daniel y al ver por segunda vez su obra me doy cuenta de que la experiencia es cada vez más contundente. Es como esas veladas de trasnoche que refieren a la intensidad de estar vivxs, cuando compartes los secretos que definen tu alma y sientes que, con cada frase que sale de tu boca, toda la vida se pone en juego. 

    Descompresión. 

    Fui por una cheve. Me puse a platicar con José, un tipo que llegó de Ciudad de México para ver el festival. Le presento el Bacanora. Le gusta. Nos sentamos en una banca. Hablamos del clima. 

    Presentan a Mariana Nava y Kanga Trujillo. Mariana lleva un banjo y Kanga se sienta en la batería. Ella comienza de espalda al público, luego se da la vuelta. Nos ve y no dice palabra. Hay algo en sus ojos, una fuerza. Tal vez nos cantará historias sobre la dificultad de mantenerse cuerda en aguas donde lo más común es escuchar canciones delirantes. O quizás me lo estoy imaginando todo por seguir sumergido en la obra anterior.

    La voz de Mariana me hace sentir como todos los juguetes que perdí entre las olas del mar. Cada vez caigo más profundo. Incluso cuando habla de que lleva meses sin subirse a un escenario por haber recibido la vida de un nuevo ejemplo de la perfección, madre desde hace tres meses, con una reciente operación en el pie, Mariana no pierde fuerza en la voz. “Está increíble”, dice José junto a mí. Yo escucho y escribo en mi libreta lo que canta, “cuando me dejaste quemando en la hoguera y todo lo perdí”. Y Kanga nos mantiene expectantes con la percusión, con golpes más bien simbólicos que marcan los metros de profundidad conforme avanzamos. 

    Demasiado pronto se despide. Le es difícil bajar las escaleras, asumo, por el dolor de su operación en el pie. 

    Se queda Kanga Trujillo y comienza un set de percusión y música electrónica. El inicio es rápido y nos transporta a una cueva en las profundidades del mar. Oscuridad y baile. Una danzante de fuego se desplaza por detrás y frente al escenario. La cheve y el bacanora en la sangre, circulando a un ritmo cada vez más acelerado. Estoy en un antro underground, unido a los más antiguos ancestros por los esenciales elementos del fuego y la percusión. 

    Malabares. Impulsos. Vibraciones.

    ¿Escuchas el canto de las sirenas?

    No puedo quitarme la pinche sonrisa de la cara. 

    Estoy tan cerca del fuego.

Boletos Club WhatsApp Ubicación