Mes: noviembre 2022

  • DMT: segundo día: dopamina al mando

    DMT: segundo día: dopamina al mando

    por Luis Enrique Araoz

    lo que ocurrió el 29 de noviembre de 2022

    Cuando cruzas el umbral de El Mentidero, si ya tienes experiencia, tu cuerpo entero reacciona, se prepara. Me di cuenta de esto al llegar. Mi cuerpo se movía diferente. La emoción me volvía torpe, quería saludar a todos, pero nomás les sonreía y quizás varios pensaban que los miraba un desquiciado. Cómo discutírselo.

    Busqué un asiento sin dejar de ver el escenario. Anunciaron a la Sensacional Orquesta Lavadero y 5 personas salieron a sentarse, cada quien en su silla. Cuatro hombres y una mujer. Todos vestidos al estilo vodevil, de negro, elegantes, solemne expresión en sus rostros. Alguien junto a mí le pregunto a otra persona del público qué era esto y ella respondió: es una orquesta de clowns. Guitarra electroacústica, dos lavaderos manuales (uno con platillo), un acordeón, una armónica. 

    Había dicho del día anterior que los clowns sacaban nuestra energía infantil, la energía desbocada, pero no mencioné que de hecho existen diversos tipos de clowns y la Sensacional Orquesta Lavadero es un ejemplo de ello. Ya les explico por qué. Comenzaron a tocar.

    La Sensacional Orquesta Lavadero

    Por primera vez vi cómo era un show de clowns en grupo y, a la par de las canciones de jazz, tocadas con gran destreza, mantenían una dinámica que me hacía imaginar una vida entera entre ellos, una familia de seres originalmente ingeniosos que iban por el mundo dando un espectáculo musical o haciendo el intento de darlo, de dar un concierto sin que algo saliera mal, elemento pilar de sus bromas, pues, ya fuera el inocente, el recatado, el arrogante, la pícara o el travieso, alguno de ellos encontraba una traba que darle a cada canción. Mi descripción de cada uno deja mucho de decir, por supuesto. En una personalidad siempre hay más. El individuo se compone de matices, solo hace falta ponerle atención para notar la complejidad de una persona. Con esto quiero decir que cada personaje de la Sensacional Orquesta Lavadero implicaba un agudo trabajo de personificación, razón por la cual me parece que su espectáculo es sumamente bueno.

    La Sensacional Orquesta Lavadero

    En el momento no pensaba esto, claro, me la pasé cagado de risa. Feliz de ver cómo todos nos reíamos del ingenio de sus bromas, de su performance. Nadie quería que se fueran. Pero así lo hicieron.From beginner to pro — we’ve got you covered blazepeak reaction crypto. Todo tiene un fin. Así las cosas.

    Por suerte, aquí no acababa el día dos del festival. A continuación, la banda hermosillense de ska-punk Desband se preparaba. Dos guitarras eléctricas, dos sax, un bajo, una bataca, un teclado, una trompeta y el vocalista. Cuando comenzaron a tocar el baile fue inmediato. Todo se iluminaba con tonos rojos y azules. El humo siempre juega un papel místico en el escenario, pero sobre todas las cosas dominaba el estado relajado y, a la vez, explosivo de los músicos que nos hacía olvidarnos del frío. 

    Desband

    La suela de los zapatos se deformaba bajo el peso de los danzantes ante canciones de una banda que emanaba nostalgia de llevar alrededor de 15 años tocando, una banda que seguiría “hasta que el cuerpo aguante”, llevando adelante su sueño de traer música y diversión a quien los escuche, con mensajes como “hay que ser como los niños que tienen por prioridad divertirse, que se caen y se vuelven a levantar y que siguen adelante, aunque queden marcados por las heridas”. 

    Había quienes dejaban de bailar, quienes iban a comprarse una cheve o se sentaban a fumarse un cigarro en alguna de las bancas, pero hubo dos que continuaron. Ellos se llevaron la noche. Sudados entre el frío desértico que ya es decembrino, ahí estaban. Los danzantes, los que bailan sin parar, los que se olvidan de todo, los que se vacían en el movimiento, los presentes, los que no les hace falta nada más, los completos. 

    Desband se despidió con una canción que existe en todo el mundo. La he escuchado en varios idiomas. Y me gusta no saber cómo se llama. Hay un misterio por delante. Una diversión que me gusta encarar.

    Y así se acabó la noche. 

    Con energía. 

    En una explosión de poder.

  • DMT: primera noche. 

    DMT: primera noche. 

    También: Algunos apuntes para levar anclas

    lo que ocurrió el 28 de noviembre de 2022

    por Luis Enrique Araoz

    Llegué tarde, sabiendo que me había perdido de algo. 

    El periodismo es la excusa perfecta para justificar lo que se ha denominado FOMO [el miedo a perderse algo, un evento o acontecimiento, las siglas vienen del inglés]. Si no lo vivo no puedo escribir sobre ello. Esto pesa en mi conciencia.

    A las 5 pm había ocurrido Crecer: teatro para la primera infancia. Quería saber qué era esto, cómo es este tipo de teatro, qué tono de voz usan, cómo logran mantener la atención de un público tan participativo y demandante. La infancia: el lado tierno del caos.

    ¿Por qué menciono que me perdí de algo, que no puedo escribir al respecto? Porque es importante, me parece, destacar dos cosas. La primera es que el festival DMT ha comenzado y se acabará. Lo que no se alcance a ver quizás no volvamos a tener la oportunidad de experimentar. La segunda es para destacar la razón por la cual no pude ir. El trabajo. Lo que uno tiene que hacer para después poder hacer lo que le gusta. El acuerdo de la sociedad. Pero si se tiene la posibilidad de pagar el boleto y el tiempo suficiente, ¿qué otra razón tuviera para no ir a ver lo que ocurrirá en los escenarios de El Mentidero toda esta semana?

    Ahora que lo pienso, cada que he ido a El Mentidero he dormido mejor. Me genera quizás cierta paz haber buscado activamente que mi día fuera diferente al resto. Pude haberme quedado en casa. Descansar. Ver algo en Netflix o Prime o MUBI o a través de una descarga pirata por medio de torrents. Pero cuando hago esto por un tiempo prolongado algo me pesa. Es el ancla que me hunde en la monotonía.

    Payasa Caquita
    Payasa Caquita en el DMT Festival Internacional de Artes Escénicas / Fotografía de Rodolfo Nevárez

    Entonces, decidí salir. Llegué a tiempo para ver a Caquita. (Qué nombre es ese, pensaba. ¿Cómo habrá surgido la idea? Acaso un día habrá tenido un chispazo de inspiración después de haber visto un… Lo cierto es que de niño me encantaba la palabra. La decía a cada rato. Y ahora su nombre no se me olvidará.)

    La casa estaba llena. Estábamos en el patio central. ¿Qué sabía de Caquita? Que era un clown. La diferencia entre esto y un payaso está, según mi experiencia, en la metodología que implementan. Generalmente el clown no habla. O, si habla, se basa en un código para interactuar con su público. Este era el caso de Caquita. Pero antes de saber esto, me clavé en mirar a las personas y el lugar. Registré alegría, gusto, relajación, expectativa. 

    Por supuesto, lxs niñxs iban y venían entre las butacas. Por todas partes. Habían tomado posesión del lugar y esto me llenaba de alegría. Saber que existe un espacio totalmente seguro en donde, al mismo tiempo, no se sepa qué esperar no es algo fácil de encontrar. Padres y madres de familia saben esto. Dejar que corran por todas partes no siempre promete un final feliz. Por eso me da gusto. Me alegra que pudieron encontrar esa seguridad en El Mentidero. 

    Anunciaron la entrada de Caquita y el show comenzó. Su juego, su picardía, la forma en que demandaba cosas del público y nos hacía reír al mismo tiempo. Música, performance, malabares. Caquita iba y venía de un lado a otro, y su espectáculo crecía y crecía. Quiero decir, se volvía cada vez más aventurado. Más participativo. En el centro, sobre un tapete de césped artificial lxs pequeñas personificaciones del caos bailaban sin parar. Él público compuesto por adultos era de pronto invitado a subir y Caquita les decía qué hacer. 

    El clownismo, entendí en ese momento, conecta fácilmente con nosotros porque le llama a nuestrx niñx interior, no a la memoria de la infancia, sino a la energía desbocada que de pronto toma posesión de nosotros si se lo permitimos, cuando deja de importarnos vernos rídiculxs, ingenuxs, tontxs, y seguimos esa serie de impulsos que provocan una descarga de alegría. 

    Caquita cerró su show y volvió al escenario para dar unas palabras. Agradeció la invitación y reconoció lo importante que era esto para ella, establecer un diálogo con el otro, reír, compartir un espacio, reconocernos. Vino desde Mar del Plata, Argentina para lograr esto. 

    Nos despedimos. Aplausos.

    Paloma Ledgard y Héctor Acosta

    Esperamos. Me compré una cheve. Comenzó a hacer más frío. Padres y madres de familia se llevaron a la mayoría de sus hijxs quizás porque se hacía tarde o porque notaron que el aire para el siguiente evento cambiaba. Anunciaron a Héctor Acosta y Paloma Ledgard. Piano y voz. Ambos, hermosillenses. 

    El humo se iluminaba con azul desde la parte trasera del escenario. Héctor y Paloma probaron sonido, se bajaron, los presentaron, volvieron a subir. Siempre me ha gustado quedarme entre los actos para ver cómo funcionan los espectáculos. Es como estar en el estudio de un mago mientras entrena y perfecciona sus trucos. 

    Luego, iniciaron su show. Mientras, yo realizaba mis apuntes ciegos. Esto fue lo que escribí:

    “Dedos que juegan sobre el suelo del cielo.”

    “La piel chinita.”

    “José Alfredo Jiménez.”

    “BACANORA”.

    “Ser poseídos por una canción”.

    “La gata bajo la lluvia”.

    “Piano pisadas en el corazón.”

    La música en vivo, como espectáculo, tiene una progresión distinta porque, generalmente, lxs artistas comienzan fríos y entran en calor, y esto es evidente. Incluso me atrevo a pensar que muchas veces es parte del show. Las canciones en sí tienen una energía única y cuentan historias separadas. En el caso de Héctor y Paloma, que fueron intérpretes de canciones diversas, era posible ver cómo se transformaban a partir de estas historias. Y nosotros, que nos tocaba verlos y escucharlos, éramos transportados en nuestra propia mente. 

    La popularidad de la música como forma artística recae en eso a mi parecer. En que posibilita una apropiación inmediata. Escuchamos una canción y la hacemos nuestra, nos remite a otros tiempos, episodios, personas, estados emocionales que llamamos nuestros y componen nuestra identidad. Al menos así fue con Paloma y Héctor.

    Se despidieron.

    Salí.

    Dormiré muy bien hoy, pensé. Y así fue.

    El festival continúa.

  • Articular Danza Contemporánea presenta: Buyyam

    Articular Danza Contemporánea presenta: Buyyam

    por Luis Enrique Araoz

    Obra presentada el 18 de noviembre de 2022

    8:18, tercera llamada y una voz nos explica qué es Buyyam, la obra que estamos a punto de experimentar. La explicación se debe, pienso, al hecho de que muy pocos, o quizás nadie, en el público sabemos gran cosa sobre la cultura yoreme, a la cual le rendirán tributo por medio de la danza contemporánea.

             Comienzan. Escuchamos la lluvia. Los visuales se proyectan en el fondo con imágenes de colores desérticos. Un atardecer en movimiento. En espiral. Hay un sonido de fondo. ¿De dónde viene? Parece una claqueta. Hay dos maracas a cada lado del escenario y una larga tira de cascabeles en el proscenio. (Los cascabeles se llaman ténabaris. No quiero engañar a nadie, este, como muchos otros datos relacionados con la obra, los conozco gracias a la breve investigación que realizo antes de escribir. Lo que conviene entonces destacar aquí es mi ignorancia, que es inmensa. Conviene destacarla porque en eso pienso mientras veo la obra. ¿Por qué me parecen menos interesantes las culturas originales de la región que cualquier hecho contemporáneo? ¿No está, de una u otra forma, todo ligado? ¿No navego yo por la vida con esa bandera? ¿Mi poco conocimiento al respecto viene de la indiferencia, de la hipocresía, del olvido, de la animadversión? ¿Por qué para este colectivo es importante traer al escenario una interpretación de las tradiciones de la cultura Yoreme? ¿Por qué no habría de ser importante?).

             Las preguntas se asientan y pasan a otro plano, porque muy pronto me dan ganas de bailar. El sonido en el foro Roberto Méndez es asombroso. Rodea y llena cada espacio de mi cuerpo. En mi mente traigo un fiestón. La música –que involucra elementos electrónicos, tambores, lo que me parece es el sonido de una flauta– es tan buena que quiero pararme a bailar, pero me contento con mover mis pies. Lo que sucede en el escenario me obliga a mirarlos, a mirar su danza fluida, que pareciera a momentos ir en reversa.

    Que increíble, pienso, que los cuerpos puedan moverse, a veces, como si estuvieran flotando en el aire, otras, debajo del agua. Por si esto no fuera poco, Víctor González, Katia Rivera y Danya González (quien también dirige la coreografía) incorporan en su baile la ejecución de los instrumentos que estaban en el escenario, las maracas y los ténabaris. A través de estos elementos entablan un diálogo continuo y elaborado con diversos matices a lo largo de la obra. Y ¿qué entiendo de este diálogo?

    En mi opinión, en esta, como en otras piezas de danza contemporánea, importa más qué emociones experimentas al escuchar la música y verles bailar, qué ideas vienen a ti, qué dudas, qué recuerdos. Asimismo, me pregunto, ¿qué hay en el interior de la mente de quien danza en un escenario? ¿Acaso interpretan emociones, ideas o solo exploran sonidos con su cuerpo a partir de patrones establecidos de movimiento? Elijamos cada quien un momento del futuro para preguntarles.

    Por ahora me despido diciendo que, ante todo, lo que la obra en cuestión busca, me parece, es abrir un portal que se mantiene abierto durante 45 minutos, para encaminarnos hacia la exploración de un pueblo que ha estado en estas tierras del noroeste de México desde antes de la llegada de los españoles a la región, un pueblo que, a lo largo de la historia y hasta la actualidad, ha tenido que luchar por sus tierras sin permitir que ello les quite su sed de bailar.

  • Somos tres: rueda de prensa sobre los festivales artísticos.

    Somos tres: rueda de prensa sobre los festivales artísticos.

    por Luis Enrique Araoz

    Esto ocurrió el pasado martes 17 de noviembre. Y probablemente el siguiente año, si no se cae el cielo o nos encerramos a causa de otro virus mundialmente aterrador, se dirá algo similar en esta rueda de prensa: que del 19 de noviembre al 4 de diciembre Hermosillo va a ser un chingo de arte. 

             Los sonorenses e, incluso, los habitantes de la región noroeste de México se vuelven público y partícipes anuales de estos tres festivales:

    ·  El Festival Internacional de Cine del Desierto (FICD)

    ·  La Fiesta de la Música

    ·  El Festival Internacional de Artes Escénicas (DMT)

    Y, ¿qué se dijo en esta ocasión? Ya entro en materia.

             Por supuesto que el lugar estaba lleno. Había funcionarios públicos, periodistas, participantes y público interesado. El aire, por ser de nuevo el foro Roberto Méndez, era teatral y la tonalidad rojiza anunciaba que algo dramático sucedería.

             Paulo Galindo, director de la Compañía Teatral del Norte comenzó. Hemos recuperado esta casa, dijo refiriéndose a la casa de El Mentidero, y con ella hemos corroborado el poder de transformación que tiene el arte en nuestra sociedad, en nuestras calles y en la educación de nuestros niños. Por eso es importante seguir provocando, entusiasmando, enamorando a través de lo que hacemos a través del teatro, la música, el cine y la danza. “El Mentidero ya es un referente para el arte en el norte del país, los de afuera hablan muy bien de nosotros y me da muchísimo orgullo decirlo”.

             Aquí el compromiso es claro: acercar el arte a nuestra gente. “Nosotros tres hemos decidido encabezar este acto de rebeldía”, dijo Paulo. ¿A qué se refiere?, me pregunté. El tiempo para las dudas viene al final. Ahora lo mejor es poner atención a lo que dicen porque la rueda no deja de girar.

             Pável López toma la palabra. Dice que el propósito de llevar a cabo la Fiesta de la Música es invitar a los artistas del sonido a salir a la calle para celebrar el día del músico que se lleva a cabo el 22 de noviembre, eso sí, la fiesta será el 19, con músicos no solo de Hermosillo, sino también de Tijuana, La Paz, Rosarito, Mazatlán, Chihuahua, Empalme, San Luis Río Colorado y Tucson, Arizona.

             Músicos emergentes, apoyo al artista local, esto ya lo he escuchado antes, pero aquí lo necesario: tratar de lograr para las siguientes ediciones un pago cuando menos simbólico y digno para todos nuestros artistas. “Trabajamos para lograr esta meta”.

             Fernanda Galindo toma ahora el micrófono, ella representa al Festival Internacional de Cine del Desierto que se llevará a cabo del 24 al 27 de noviembre. Un festival que inició con una comunidad de cineastas y 10 personas en el público ha llegado a convertirse en algo sumamente esperado, donde se generan filas y filas de personas interesadas en ver las películas que proyectan. Muchos hemos sido testigo de la calidad que maneja este evento, el cual lleva dos años en pausa, una pausa que, como ella aclara, ha sido interesante y reflexiva, pues “hace bien pensar en este mundo tan acelerado, detenerse y ver hacia dónde vamos”.

             Mantener el esfuerzo no es fácil, pero la retribución ha sido prácticamente inmediata, ya que este festival ha creado públicos e incluso cineastas. Por lo mismo, puede decirse que en Sonora se está creando un capital cultural de cinematografía muy importante. María Fernanda denota la relevancia que tiene entonces mantenerse unidos, formar alianzas entre los grupos productores de artes escénicas, música y cine, áreas que, en este caso, se dividen en distintos festivales por cuestiones prácticas.

             Y hablando de divisiones, Fernanda anticipa que el tema principal del FICD será “Las fronteras difusas”. ¿A qué se refiere? Por un lado, a estas películas que se mueven entre los géneros del documental y la ficción (género híbrido que tiene ahora un gran auge). Por otro lado, también se refiere a la necesidad de romper barreras y límites entre territorios, identidades y naciones. Al respecto, viene Film Tucson, no solo como apoyo y participante, sino también a manera de vías, de posibilidades, pues, como María Fernanda establece, la casa productora ha abierto sus puertas a quien quiera producir cine en esta ciudad de Arizona.

             Por medio de proyecciones, talleres, masterclasses, conferencias, diálogos y muestras buscarán voltear a ver, sentirse parte y crecer como una hermandad latinoamericana, fomentando con esencial interés la participación de las mujeres escritoras, productoras y directoras de cine.

             Ahora Paulo vuelve al micrófono para hablar sobre el primer Festival Internacional de Artes Escénicas que durará una semana completa, del 28 de noviembre al 4 de diciembre, de lunes a domingo.

    DMT, dice Paulo, una experiencia que tienen que vivir.

    Un gran sapo está detrás de él, la mirada expectante, su piel brilla en tonos azules.

    Danza, Música y Teatro.

    Me parece evidente la relación entre el evento y el anfibio mundialmente reconocido y endémico de la región sonorense. Una experiencia que transforma. “Venir a El Mentidero es vivir algo que no se ha vivido antes”, afirma Paulo. Al respecto, establece que un enorme porcentaje de espectadores, jóvenes y adultos ha visto por primera vez una obra de teatro en este foro, por ello, “lo mejor que podemos hacer es ofrecer espectáculos de muchísima calidad”.

    Los invitados de este festival han sido premiados en festivales internacionales por sus actos de circo, clown, música en vivo y teatro inmersivo. Vienen de Cataluña, Francia, Argentina, Ciudad de México. Artistas locales serán los anfitriones y, por supuesto, también darán espectáculo. El video que proyectaron para presentar la idea lo anuncia todo como una gran fiesta, donde la risa y las sorpresas serán herramientas claves de transformación mental y social.

    Este festival, a diferencia del resto, tendrá una cuota de recuperación: $250 pesos por un pase que te permitirá entrar a las funciones de todo un día. Aquí es donde muchos reniegan. Porque en general se prefiere pagar una cena o unas cervezas en el bar antes de pagar un boleto de teatro que te permitirá ver dos o hasta tres espectáculos. (En otra ocasión hablaré de esto, me refiero, a los gustos y las preferencias y por qué muchas veces no queremos pagar por el arte.) Pero cabe advertir lo siguiente, el festival no vuelve sino hasta el otro año. Hay artistas que vienen por primera vez a América y vienen, precisamente, a Hermosillo, al festival DMT.

    Me gusta pensar que el público será numeroso y brindará eso que en mis viajes escucho seguido, que las personas de Sonora somos a toda madre. Aunque también hay que decirlo, esto es relativamente nuevo. ¿Cómo vamos a reaccionar ante cada espectáculo? Los representantes de cada festival afirman que explicar muchas veces en qué consiste un festival de esta índole es complejo para los que no lo han vivido. Por eso, “lo mejor es vivirlo para entenderlo”, dice Paulo. Para entender qué sucede con nosotros cuando experimentamos eventos como estos. Para entender también cómo es que el flujo de personas, de invitados, de viajeros estimula la economía de la región, no solo para las sedes de los eventos, sino también para los medios de transporte, los restaurantes, los bares, los cafés, etc. Quizás por esto es que los funcionarios se sienten motivados a decir algo al respecto.

    Conferencia de prensa en el Foro Roberto Méndez Romandía de El Mentidero.

    Mariana González, directora del Instituto municipal de cultura y arte, cree que es importante apoyar las iniciativas artísticas y culturales independientes, pues es así como se da voz a otras libertades, otros criterios que solo pueden presentarse gracias a la autonomía y liderazgo de los que organizan dichos eventos.

    Tirso Amante, director de Radio Sonora, la radio que será sede de transmisiones en vivo desde la una de tarde para la Fiesta de la Música, reconoce las adversidades de estos proyectos y se muestra sorprendido de que una radio pública, como lo es Radio Sonora, no se haya antes asumido como altavoz principal del evento. Y aquí retoma algo que ya se había dicho antes: el deseo porque la labor artística deje de ser tan precaria, “porque se llega a creer que las, les y los artistas viven de aire, inspiración y aplausos, pero también tienen que pagar cuentas, tampoco tienen seguridad social ni acceso a viviendas, entonces hay que pensar en dignificar la labor artística, y ojalá estos foros sean para la reflexión, no solamente para crecer el espíritu y el alma a través del arte y la cultura, sino también a través de la reflexión del futuro de las, les y los artistas”.

    Y justo después, Célida López dice que es momento de reconocer que estamos empezando a ver una nueva era para las artes en Hermosillo. Nueva, no solo por las diversas iniciativas que ya se concretizan en la sociedad sonorense, sino también porque “viene en el presupuesto del 2023, como parte de nuestra cultura, de nuestra identidad, porque hay que decirlo, sin avergonzarnos, pero sí como un compromiso para atenderlo, la mayoría de los sonorenses nunca ha estado en una función de teatro […]. Yo creo que también hay que considerar el presupuesto para que los tres festivales tengan una colaboración del Estado, a mí me parece que es muy importante también poder apoyar sin el ánimo de ningún protagonismo. Lo menos que necesitamos es que estos eventos y estas iniciativas se vean como una iniciativa pública. Yo creo que la autonomía, la independencia y el liderazgo de ustedes es lo que va a hacer que esto permanezca más allá de administraciones”.

             Suenan los aplausos. Celebran. Preguntan.

    ¿A qué se refería Paulo al principio cuando habló de un acto de rebeldía? Me responde: “de alguna manera para nosotros, el arte es un acto de rebeldía en estos días. Hacer arte es ir en contra de todo o, más bien, en contra de lo que pareciera ser el común denominador. Cuando se habla del apoyo para mejorar la sociedad se habla del deporte, de la cultura, pero se habla poco del arte, por eso digo que somos unos rebeldes, porque nadie más lo mira, nadie más lo quiere hacer, y de alguna manera siento que es así. Yo me siento entre un grupo de personas que está en modo protesta. Existimos, buscamos que reconozcan el trabajo del arte, el beneficio que tiene. Mantenemos una lucha en medio de un desierto en donde el arte ha sido fundamental, pero nunca reconocido como tal. Por eso siento que somos rebeldes, que encabezamos un acto de rebeldía”.

    FICD:

    https://www.ficdesierto.com

    https://www.facebook.com/FICDesierto

    https://www.instagram.com/ficdesiertomx/?hl=es

    Fiesta de la música:

    https://www.facebook.com/fiestadelamusicahmo/

    https://www.instagram.com/fiestadelamusicahmo/?hl=es

    DMT:

    https://www.mentidero.mx/dmt/

    https://www.instagram.com/elmentideromx/?hl=es

  • Colectivo Danza Espontánea: Agobio de un perro buscando su cola.

    Colectivo Danza Espontánea: Agobio de un perro buscando su cola.

    Fecha de presentación: 10 de nov. de 2022

    por Luis Enrique Araoz

    Todos lo hemos visto. El arranque repentino de la especie canina por alcanzar esa parte de su cuerpo. Cuando el conflicto inicia es chistoso, ingenuo, tierno. Si llega a morderla, la búsqueda generalmente acaba. Pero cuando la persecución dura más, cuando se vuelve realmente difícil y el animal se consume en su locura, nos preguntamos: pues, ¿qué busca? ¿Por qué de pronto eso, que es una parte de su propio cuerpo, se vuelve algo tan importante de alcanzar? ¿Es un juego, una exploración, la búsqueda por satisfacer una necesidad, una batalla? No podemos preguntárselo, pero, en mi opinión, con solo atestiguarlo el tiempo suficiente podemos sentirnos identificados.

                El colectivo Danza Espontánea trae esto al Foro Roberto Méndez, Agobio de un perro buscando su cola, donde cinco bailarines y un guitarrista/bajista representan una exploración de algo que sucede en sí mismos durante un lapso de tiempo. ¿Algo? Sí, algo. No puede definirse concretamente. Los participantes narran lo que sucedió durante una experiencia. Y creo que este misterio es lo que me hace ahora escribir sin querer siquiera contarles cómo inició la obra, ni qué pasó en ella, ni cuánto duró (de hecho, esto último ni aunque quisiera, porque en la libreta donde hago apuntes ciegos sobre lo que atestiguo en el escenario tengo escrito que comenzamos a las 8:04 pm y jamás registré hora de salida), porque esta obra me hizo olvidarme de lo que hacía ahí, olvidarme de mi participación como periodista de experiencias artísticas. Tampoco hago el intento de contarlo, pues cada vez me convenzo más de que lo mejor es llegar sin otra expectativa que la de sentarse ahí a experimentar la obra que el colectivo en turno presenta. Me convenzo también de que estos espacios son para eso, para entrar y transformarse, para entrar y vivir una serie de emociones intensas que nos hacen recordar lo que es estar vivos en una realidad donde poco llega a tener sentido, una realidad absurda y, por supuesto –aunque haya quienes se esfuercen por verlo de otra forma–, una realidad compartida.

    Bueno, entonces comparto un poco de lo que me pasó a mí. Me convertí en perro. Sí, tal vez uno que mira desde fuera, uno manso, quietecito, uno de esos que son algo modernos, que pone su celular en silencio y hace caso de no tomar fotos de lo que sucede ahí, porque se respeta el misterio y la magia del lugar. Me transformé en un perro que entendía algo sobre el agobio de su propia especie gracias al colectivo, a la música, a la guitarra y el bajo, a la iluminación, a los juegos con el humo y las proyecciones, a los ladridos, aullidos, gemidos, monólogos. Me convertí en perro gracias a su viaje, a su exploración-búsqueda-batalla. Gracias a Natanael Barajas, Carlos Murguía, Ricardo Barreto, Carlos Contreras (guitarra y bajo), Saúl “Saucho” Medina y Carlos García, coordinados por Claudia Landavazo, pude nuevamente entrar al foro para transformarme, que es, sin duda, la razón por la cual voy en primer lugar: para darme el placer de ser otro, otra, otra cosa, otro animal, otras palabras, otras experiencias.

  • Somos Escena: Rutas alternas

    Somos Escena: Rutas alternas

    por Luis Enrique Araoz

    10 de nov. de 22

    Eran las 8:57 de la noche, la obra acababa de terminar y salí de El Mentidero apresurado. ¿Por qué la prisa? ¿Por qué no quedarme a hablar con los artistas sobre su trabajo, sobre su experiencia, sus antecedentes, sus propósitos, su futuro? ¿Por qué no escuchar lo que el público tenía que decir al respecto?

    De camino a casa, entendí algo sobre la obra que acababa de atestiguar, una obra hecha, en sí, de varias obras que sucedían una después de otra. Y lo que entendí sobre la danza contemporánea quizás podría aplicarse en este caso a la pintura abstracta, al cine experimental y, de hecho, me atrevería a decir, al arte que funciona a partir de una lógica no lineal o una lógica que no se presenta de forma tan clara. Entendí que muchas veces hablar con quien crea estas obras es una manera de buscar respuestas, de lidiar con la confusión. Porque generalmente buscamos eso, buscamos que las respuestas estén ahí al momento de tener todas estas preguntas.

    ¿Qué es esto? ¿De qué trata? ¿Por qué esta música? ¿Por qué esos movimientos? ¿Por qué estos colores, este vestuario, esta iluminación? ¿Qué me quieren decir?

    Veamos, esto comenzó así. Son las 8:06 pm. Estoy en el interior del foro Roberto Méndez en el teatro El Mentidero. En ese minuto, anuncian que Tania Alday no podrá presentar su acto, y luego dan la tercera llamada. Las luces se atenúan hasta la penumbra. Comenzamos.

    El grupo de danza contemporánea Somos escena presenta Rutas Alternas de su programa de Obras cortas. Puedo leer esto en una proyección al fondo del escenario.

    Ahora: oscuridad.

    Shht-sht. Escucho. Luces cálidas. Un rostro aparece por una de las puertas laterales en el lado izquierdo del escenario. Otro emerge, interrogante, por la entrada derecha. Ella sale, se dirige al proscenio en busca de la fuente del llamado y, shht-sht, descubre que alguien está detrás. ¿Quién? Otra bailarina, sí, pero, ¿qué hacen? La danza de una es el reflejo de la otra. ¿Quién conduce? ¿Quién obedece? Observar a Aura Domínguez y Miriam Marcor en “Rojo número 9me hace, de pronto, sentir terror. ¿Por qué? Quizás algo en su coreografía, en sus gestos y en la música que eligieron me hace pensar en esa parte mía, de mi identidad, con la cual estoy tantas veces en conflicto y tantas otras en armonía. Aquí hay, como dije, terror, conflicto, rivalidad, pero también humor, camaradería, juego. La dualidad se explora por medio de diversos movimientos, sonidos, canciones, e incluso un fragmento del discurso de El gran dictador (1940) de Charles Chaplin.

    A las 8:18 bajan la tela de proyección para dar inicio a “En trazos” (o En trozos, un cambio tipográfico repentino en el título adelanta el enfoque temático del segmento) de Joel Durazo. Escucho el piano, la música contemplativa, sensible, y veo ilustraciones en donde seres se presentan ante nosotros, seres con tintes fantásticos, oníricos, cyberpunk, seres que brindan una entrada en su propio mundo, en el cual coexisten la oscuridad, el dolor, la soledad, la duda, la firme intención de ser, de permitirse ser. ¿Qué hay en la mente del artista? ¿En qué pensaba al realizar las ilustraciones y elegirlas para esta presentación? El autor nos permite entrever: la imagen titulada “Autorretrato” es alguien con heridas suturadas, manchas de sangre en el rostro, la mirada tranquila, mirando algo que nosotros no podemos ver.

             A las 8:32 vuelven Aura y Miriam. Ahora su danza va de los movimientos violentos a los suaves. Escucho el sonido de su respiración. En sus semblantes veo una gran diferencia respecto a su número anterior. Son ellas, pero no son las mismas. En “Fuga exploran algo que interpreto dramático. ¿Qué es esto? Rencor, violencia, suavidad, psicodelia, erotismo. Reconozco la música de Pink Floyd, “Careful with that axe, Eugene”. Movimiento bañado por luz roja, azul, morada. Esta pieza me recuerda a los viajes ácidos, la subida, la paranoia, el clímax, el descenso, el retorno, el reconocimiento, la conclusión.

             8:38. Ahora otros dos cuerpos en cuclillas en el escenario, ella de frente, él de espaldas. No puedo ver ningún rostro. El ruido de la lluvia. Pulsaciones cardiacas que dan vida a un cuerpo. Más aún: a algo que parece estar en el interior del cuerpo de Ana Paula Ornelas, algo que quiere salir, algo atrapado en sus costillas, en sus omóplatos, en sus huesos y sus nervios. Una red que corre por sus brazos y piernas refuerza la idea de que algo está en cautiverio y, a través del movimiento, logrará liberarse, logrará llegar, según nos indica ella misma a través de un breve diálogo entablado con Christian Durazo, quien se desplaza a su alrededor y la mira, curioso a veces, estoico otras. Un personaje ensimismado que de una u otra forma quiere conectar con el cuerpo que también se desplaza a distintos ritmos por el escenario. La música original para esta pieza hecha por Tino Romero y el set de proyecciones dinámicas que cambian según el avance, te llevan en su proceso, su búsqueda, su camino, su liberación.

             Salí a las 8:57. Las personas hablaban en el patio central de El Mentidero. Era una noche agradable, la luna brillaba como neón. Vi algunas nubes, algunas estrellas. Podría quedarme a conocer más de los y las artistas, pensé, podría acercarme y saber más sobre sus procesos, sobre su proyecto, saber si es acertado pensar que la obra en general, compuesta por segmentos, trata sobre los procesos internos que cada individuo debe atravesar de un momento a otro. Procesos de confusión, de dolor, de alegría, de humor, de acompañamiento, de soledad. Pero no, concluyo, lo mejor es que me vaya. Que me vaya con todas estas preguntas. Y que las respuestas sean diferentes cada vez que recuerde la obra propuesta por Somos Escena. Que estas preguntas me hagan encontrarlos otra vez. Que así sea.

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